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lunes, 15 de febrero de 2010

Al Gore arremete contra los 'negacionistas' del calentamiento global

Por Al Gore @ 14-02-2010 09:20

ELMUNDO.es ofrece en exclusiva tres capítulos del último libro del ex vicepresidente de EEUU sobre el calentamiento global.

John Kenneth Galbraith bromeó una vez: "La política no es el arte de lo posible; es el arte de escoger entre lo desastroso y lo difícil de tragar". En el caso de la crisis climática, nuestras decisiones han estado nubladas por la confusión, producida en gran medida por una masiva campaña política de engaño promovida por numerosas empresas emisoras de carbono.

En primer lugar, la catástrofe a la que nos enfrentamos todavía no ha sido total y claramente reconocida por los votantes. (...) Ni siquiera el huracán Katrina logró hacer que muchos de los políticos de Luisiana modificaran su posición al respecto. Y se trató, precisamente, del tipo de tormenta de categoría 5 que los científicos nos vienen advirtiendo hace tiempo que se tornarían mucho más frecuentes como resultado del calentamiento global.

Segundo, las medidas requeridas para resolver la crisis climática parecen difíciles de tragar, porque las emisiones de CO2 que hay que reducir han constituido una parte esencial de nuestra actividad económica, impulsada por el carbón y el petróleo, durante más de 150 años. La sola escala y omnipresencia de las políticas necesarias para descarbonizar las actividades del mundo representan un desafío único y sin precedentes para el proceso político (aun cuando con él se creen millones de buenos puestos de trabajo). En otras palabras, los cambios necesarios, sencillamente, no son la clase de correcciones de rumbo graduales con las cuales trata usualmente nuestra política.

Además, hay otros dos factores que han acrecentado la oposición política a estos cambios a gran escala en Estados Unidos y otros países industrializados. El aumento de la globalización de la economía mundial en las últimas décadas y la nueva facilidad con la cual las modernas tecnologías de fabricación cruzan las fronteras nacionales han conducido a la migración masiva de los empleos industriales desde las naciones desarrolladas hacia países con salarios más bajos. Esta tendencia ha acrecentado el temor de que las nuevas medidas que afecten al comercio en una nación puedan llevar a más pérdidas de puestos de trabajo, si no se pide a otros países que compartan la carga del cambio. (...)

Afortunadamente, sin embargo, pese a que muchos esperaban que la crisis económica demorara aún más las acciones con respecto a la crisis climática, la verdad es que la expectativa de millones de nuevos empleos verdes ha conducido a progresos en el tratamiento simultáneo de los desafíos climático y económico. Con todo, la lucha para promulgar leyes concernientes al calentamiento global, así como para aprobar un tratado mundial para reducir la contaminación por gases causantes del calentamiento planetario, se ha transformado en una épica batalla política que lleva ya 20 años, tiempo en el cual el ritmo de cambio del mundo natural se ha acelerado de manera drástica.

Las poderosas industrias afectadas por las soluciones propuestas a la crisis climática han utilizado todas las herramientas políticas a su disposición para oponerse. Por ejemplo, en 2009, una compañía dedicada a los grupos de presión, que trabaja para empresas carboneras y compañías eléctricas dependientes del carbón, falsificó cartas que se oponían a la legislación climática y se dirigían a los miembros del Congreso. La finalidad era dar la falsa impresión de que las habían enviado ciudadanos y organizaciones sin fines de lucro. (...)

Las contribuciones a las campañas políticas provenientes de los intereses particulares siempre desempeñaron un papel importante en la política, desde luego, y los intereses relacionados con el petróleo y el carbón han estado tradicionalmente entre los contribuyentes más importantes. (...) Sólo en los tres primeros meses a partir de la asunción del presidente Obama, los grupos y empresas con intereses particulares gastaron 200 millones de dólares para influir en la política energética estadounidense y hacer oposición a la acción contra el calentamiento global. (...)

Además, estas mismas empresas y sus aliados han inundado el Capitolio de Estados Unidos de agentes de los grupos de presión a sueldo, en unos números jamás vistos antes, que tienen control sobre los 90 millones de dólares gastados en presión climática sólo en 2008. Según una investigación de la ONG Centro para la Integridad Pública (Center for Public Integrity), por cada miembro de la Cámara de Representantes y del Senado hay actualmente más de cuatro de estos agentes de los grupos de presión trabajando en cuestiones del clima. (...)

Más odioso aún, la integridad de nuestra democracia ha sido envenenada por un nuevo tipo de sofisticada campaña, bien planificada y abundantemente financiada, orientada a confundir de manera activa al público respecto de lo que la ciencia realmente nos dice acerca de la naturaleza y gravedad de la crisis climática. (...)

A fines de la década de los 80, conforme el consenso científico sobre el calentamiento global alcanzaba un umbral y comenzaba a llamar la atención a los votantes, diversas compañías petroleras, automovilísticas, carboneras y eléctricas dependientes del carbón de gran tamaño unieron sus fuerzas para lanzar lo que sólo se puede llamar una campaña propagandística diseñada para socavar la integridad de las propias pruebas científicas. Mediante el uso de complejos estudios psicológicos y mercadotécnicos, estas empresas se propusieron perseguir con firmeza un objetivo declarado en su estrategia inicial (un comunicado descubierto por el periodista de investigación Ross Gelbspan): "Reposicionar el calentamiento global como teoría en lugar de como hecho".

Desde sus comienzos, en los años inmediatamente previos a la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en junio de 1992 esta campaña de engaños llevada a cabo por los máximos contaminadores del carbono, creció hasta convertirse en el esfuerzo de mayor envergadura, dentro de su clase, que el mundo había visto. (...)

La creación de una red de desinformación ha sido uno de los elementos más alarmantes de esta campaña propagandística. Los grandes contaminadores del carbono montaron y financiaron docenas de grupos que les sirven de tapadera. Pagaron a científicos poco conocidos y escasamente acreditados para producir pseudoinvestigaciones, cartas, libros, panfletos y vídeos en serie, todos ellos diseñados con la finalidad deliberada de suscitar dudas acerca de prácticamente todos los aspectos del emergente consenso científico. Esta fraudulenta campaña encontró una audiencia receptiva entre los ciudadanos que, comprensiblemente, preferían no reconocer la existencia de una amenaza tan terrorífica, y potencialmente abrumadora, como el cambio climático global.

Según una investigación periodística, ExxonMobil la mayor y más rica de estas empresas proporcionó este tipo de fondos a casi 40 grupos tapadera, cuya actividad era tergiversar la comprensión del público en lo referente al conocimiento sobre el calentamiento global.

Otra táctica ha sido cuestionar constantemente la integridad de científicos respetados, afirmando que les resulta conveniente inventar el cuento de la crisis climática a fin de conseguir apoyo para obtener más fondos para sus investigaciones. Esta acusación resulta profundamente irónica por dos razones. Primero, es a los propios negadores de la crisis climática a quienes podrían hacerse estas acusaciones, en tanto que sus acusados, simplemente, informan de los hallazgos legítimos provenientes de sus investigaciones. Segundo, si un auténtico científico consiguiera refutar definitivamente la realidad del calentamiento global de origen humano, satisfaciendo a la vez los requisitos habituales de la investigación científica, esa persona probablemente se convertiría en uno de los científicos más célebres y acaudalados del siglo. (...)

Después de que varios años de temperaturas globales sin precedentes y que el rápido deshielo de los glaciares, en todo el mundo, minara su capacidad para convencer a la gente de que la Tierra no se estaba calentando, quienes niegan estos hechos cambiaron su argumento. Aunque es posible que el calentamiento global sea un hecho, decían, se trata de un fenómeno completamente natural, que no tiene ninguna relación con los 90 millones de toneladas de contaminación causante del calentamiento global que enviamos cada día a la atmósfera. (...)

El éxito de la propaganda de estos contaminadores, en paralizar el proceso político, se debe en parte a que los informativos han abandonado uno de sus papeles tradicionales: el de arbitrar las discusiones importantes del dominio público. El declive de los periódicos ha precipitado el despido de los periodistas experimentados, con el tiempo y los recursos para investigar grandes timos como éste. En consecuencia, ahora el público es más vulnerable que en las décadas pasadas a las campañas de engaño organizadas por acaudalados intereses particulares. (...)

A mediados de 2005, las academias nacionales de ciencias de Estados Unidos, el Reino Unido, India, Rusia, Brasil, Francia, Italia, Canadá, Alemania y Japón habían suscrito la opinión de consenso tal como la había expresado el IPCC [Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático]. Con todo, los grandes contaminadores del carbono siguieron con su fraudulenta campaña para convencer a los medios y al público en todo el mundo de que ese conocimiento era cuestionable. De manera asombrosa, los medios, en general, continuaron dándole igual crédito a las exposiciones de los negadores pagados por la industria. (...)

A partir de enero de 2001, el entonces presidente George W. Bush nombró a varios negadores que formaban parte de la campaña de desinformación de la industria para puestos claves de su Administración. Uno de ellos, Phillip A. Cooney, quien había dirigido el programa de desinformación del Instituto Estadounidense del Petróleo (American Petroleum Institute), fue puesto a cargo de la política medio ambiental de la Casa Blanca. (...)

Irónicamente, el declive de los periódicos ha venido acompañado del surgimiento de nuevas formas de medios de comunicación especialmente en Internet que han contribuido a infundir renovado vigor a las fuerzas políticas que promueven acciones contra el cambio climático. En todo el mundo hay organizaciones populares que están utilizando la web para difundir la verdad acerca de la crisis del clima y organizarse en apoyo de las acciones para resolverla antes de que sea demasiado tarde. Yo fundé una de esas organizaciones en Estados Unidos la Alianza para la Protección del Clima (Alliance for Climate Protection). (...)

La lección que debemos aprender del modo en que los contaminadores del carbono secuestraron el proceso político sobre el calentamiento global es que el activismo popular resulta esencial para la construcción de una base de apoyo lo bastante sólida como para vencer una oposición que cuenta con abundante financiación. Esta es la tarea política que tenemos por delante quienes deseemos ser parte de la solución a la crisis climática.


http://www.elmundo.es/accesible/elmundo/2010/02/12/ciencia/1265973046.html

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