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martes, 14 de abril de 2026

Salud común o laboral: por qué entender la diferencia es clave para la atención oportuna de los trabajadores

 En el marco del Día Mundial de la Salud, Mutual de Seguridad destacó la necesidad de Identificar correctamente el origen de un problema de salud permitiendo acceder a la cobertura adecuada y activar oportunamente los mecanismos de atención y rehabilitación del sistema de seguridad social


Santiago, abril de 2026  Aunque la salud común forma parte de la experiencia cotidiana, la salud laboral sigue siendo un sistema menos visible para muchas personas. Esta falta de familiaridad puede generar confusiones al enfrentar un problema de salud, afectando directamente la oportunidad y pertinencia de la atención.

Desde Mutual de Seguridad advierten que esta distinción, aunque pueda parecer técnica, tiene efectos concretos en la cobertura, los tiempos de respuesta y la calidad de las prestaciones. “Cuando no se entiende esta diferencia, muchas veces la atención no es la adecuada o no llega a tiempo, lo que termina afectando directamente la recuperación de las personas”, señalan.

¿Cuáles son sus principales diferencias?

  • El sistema de salud laboral está consagrado a través de la Ley 16.744 y es administrado por instituciones privadas sin fines de lucro como las mutualidades, entre ellas, Mutual de Seguridad, a través del seguro social de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales.
  • El costo de este seguro está regulado por ley y es financiado 100% por el empleador, sin costo para el trabajador. Además de ser universal para todos los trabajadores con contrato formal, sin distinción de profesión, sueldo o nivel socioeconómico y ojo, también tienen cobertura los trabajadores independientes que cotizan de forma obligatoria o aquellos que lo hagan de manera voluntaria a través de boletas de honorarios.
  • La salud laboral está asociada a accidentes del trabajo, de trayecto y enfermedades profesionales, es decir, aquellas condiciones originadas en la actividad laboral o en el desplazamiento hacia ella. En cambio, la salud común abarca enfermedades o situaciones no relacionadas con el trabajo, como infecciones, patologías crónicas o condiciones de origen personal.
  • Una diferencia relevante entre ambos sistemas radica en las prestaciones. En salud laboral, los trabajadores acceden a atención médica integral, sin copagos, orientada a su recuperación y reinserción laboral.
  • Otra diferencia dice relación con el pago de licencias médicas: en la salud laboral las mutualidades pagan las licencias desde el primer día de reposo, independientemente de los días otorgados (las licencias no tienen carencia de 3 días).
En caso de duda sobre el origen de una lesión o enfermedad, Mutual de Seguridad recomienda consultar de forma inmediata y no postergar la evaluación. A su vez, si desconoces a que mutualidad perteneces puedes revisarlo en el siguiente


Fuente:  link: https://www.asociaciondemutuales.cl/suseso/mutualsearch.html

domingo, 5 de abril de 2026

¿Tu oficina te enferma? síndrome del edificio enfermo y su prevención integral

 Trabajamos muchas horas en oficinas, encerrados entre paredes, aire reciclado, fluorescentes y materiales sintéticos.

Pero esos espacios, que deberían facilitar nuestra productividad, en ocasiones se convierten en focos de malestar: dolores de cabeza, fatiga, irritación de ojos, nariz o garganta, falta de concentración… síntomas que desaparecen al salir del edificio y reaparecen al regresar. Este fenómeno —conocido como Síndrome del Edificio Enfermo (SEE, por sus siglas en español) o Sick Building Syndrome (SBS)— no es una moda pasajera: múltiples estudios recientes confirman su prevalencia, sus causas ambientales y su impacto sobre la salud física, cognitiva y emocional de los trabajadores.

El SEE plantea una pregunta crítica: ¿cómo puede una oficina, diseñada para trabajar, terminar enfermandonos? Y más importante aún: ¿qué estrategias, desde una perspectiva integral —ergonomía, salud laboral, medio ambiente, organización del trabajo— pueden prevenirlo?

Los edificios etiquetados como “enfermos” suelen tener en común varios factores: ventilación inadecuada, recirculación de aire sin renovación, materiales emisores de compuestos químicos volátiles (mobiliario, pinturas, barnices, productos de limpieza…), ausencia de luz natural o iluminación deficiente, climatización mal diseñada, humedad o sequedad extremas, exceso de superficies sintéticas, y en ocasiones diseño arquitectónico poco saludable.

En espacios de oficina, esas deficiencias pueden ser silenciosas: el aire “se ve limpio”, pero contiene gases, partículas, alérgenos o compuestos orgánicos volátiles; el ambiente digitalizado y recirculado acentúa la fatiga visual, el estrés térmico o la humedad inapropiada; y el mobiliario o moquetas pueden acumular polvo o liberar sustancias químicas.

El SEE no es trivial: en un estudio reciente de calidad del aire interior (IAQ, por sus siglas en inglés) aplicado a oficinas administrativas, se detectó una asociación clara entre deficiencias en ventilación, altos niveles de compuestos orgánicos volátiles (COV), factores ergonómicos y psicosociales, y síntomas compatibles con SEE.  Otro análisis de 2025 confirmó lo que ya se sabía: mala calidad del aire interior sigue correlacionando con síntomas respiratorios, fatiga, irritación, y caída en el rendimiento, tanto en oficinas como en entornos educativos.

Disponemos de suficiente evidencia para afirmar con solvencia que una oficina inapropiada puede perjudicar seriamente tu salud física y cognitiva. Pero este riesgo puede afrontarse con un enfoque amplio: no basta con cambiar un filtro o encender una ventana. Es necesario abordar:

  • la calidad del aire interior: supervisión de CO₂, partículas, COV, humedad, ventilación;
  • la iluminación y ambiente visual: favorecer luz natural, eliminar destellos, ajustar intensidad;
  • la ergonomía física: mobiliario adecuado, pausas activas, ambiente térmico confortable;
  • los factores psicosociales y organizativos: turnos, carga de trabajo, confort subjetivo y control ambiental;
  • la gestión y mantenimiento permanente del edificio: ventilación, climatización, limpieza, renovación de materiales cuando sea necesario.

¿Por qué un enfoque integral? Porque investigaciones recientes muestran que el SEE no depende de un solo factor. En estudios con modelos predictivos, variables como la calidad del aire, la contaminación microbiana, los COV, y también factores ergonómicos y psicológicos (satisfacción laboral, estrés, diseño del puesto, carga de trabajo) influyen en la aparición de síntomas.  Además, sensores de calidad ambiental ubicados cerca del espacio de respiración del trabajador permiten identificar con mayor precisión las condiciones reales de exposición.

Esto exige de las organizaciones —empresas, instituciones, responsables de prevención de riesgos— una estrategia activa: evaluación regular de la calidad del aire, monitorización con parámetros objetivos (CO₂, humedad, partículas, ventilación, iluminación), auditorías ambientales, planes de mantenimiento, adaptaciones ergonómicas, pausas, formación y un enfoque sensible a la salud física y mental.

Desde una perspectiva de sostenibilidad, salud ocupacional e inclusión, promover oficinas saludables es una prioridad. Edificios diseñados o adaptados para promover bienestar ambiental favorecen no solo la salud física, sino también la cognitiva —mejor concentración, menor fatiga, mayor rendimiento—. También refuerzan la resiliencia ante situaciones de riesgo, como pandemias o contaminación ambiental exterior.

Hay nuevas líneas de investigación innovadoras: por ejemplo, recientes estudios plantean integrar tecnologías de desinfección del aire (como irradiación UV‑C en sistemas de climatización) junto con estrategias de ventilación optimizadas, para reducir riesgos de enfermedades transmisibles sin sacrificar eficiencia energética —un paso hacia oficinas saludables en contextos de transición energética.

Por supuesto, no todos los edificios ni oficinas requieren la misma estrategia: cada espacio debe evaluarse, medir sus parámetros ambientales y adaptar las soluciones a sus características, ocupación y uso.

La prevención integral del SEE ya no es una opción: es una responsabilidad ética, sanitaria y productiva.

 Para fomentar la reflexión, dejo cinco preguntas que invitan al debate:

  1. ¿Hasta qué punto consideramos la calidad del aire interior y el confort ambiental como parte esencial de la prevención de riesgos laborales en oficinas?
  2. ¿Puede una estrategia integral de salud ambiental y organizativa mejorar significativamente la productividad y reducir el absentismo, y debería eso ser prioridad para las empresas?
  3. ¿Qué peso deberían tener los factores psicosociales y ergonómicos, junto con los ambientales, en los programas de prevención de riesgos en oficinas?
  4. ¿Cómo equilibrar la necesidad de ventilación natural o recambio de aire con la eficiencia energética y objetivos de sostenibilidad en edificios modernos?
  5. ¿Debería existir normativa obligatoria sobre calidad del aire interior, iluminación y ergonomía en oficinas, similar a las normativas de seguridad física?

Fuente:  https://www.prevencionintegral.com/actualidad/noticias/2026/03/26/tu-oficina-te-enferma-sindrome-edificio-enfermo-su-prevencion-integral

miércoles, 1 de abril de 2026

La paradoja del bienestar: Trabajadores piden más salud mental y empleadores más productividad

Un 76% de los colaboradores indica que la salud mental es prioritaria en el trabajo frente al 49% de los reclutadores, según datos de OCC; cerrar esa brecha empieza por reconocer el bienestar mental como un elemento de productividad 

Para los trabajadores, la salud mental es uno de los elementos más importantes en el mundo del trabajo, pero no tiene el mismo grado de relevancia para las empresas

La salud mental en el trabajo plantea una paradoja entre lo que los colaboradores quieren y esperan frente a lo que los empleadores y áreas de Recursos Humanos consideran relevante.

Mientras que dos tercios de los trabajadores opinan que la salud mental tiene una alta prioridad estratégica en el mundo laboral, poco menos de la mitad de los reclutadores de Recursos Humanos la considera en ese nivel de importancia.

La brecha entre las expectativas de unos y otros es amplia: 76% de trabajadores encuestados por OCC considera muy importante la salud mental como una estrategia de RH para este 2026, frente al 48% de los reclutadores que le dan ese mismo nivel de prioridad, de acuerdo con el estudio Tendencias de Recursos Humanos 2026.

No es tan fácil implementar estas prácticas (de bienestar para la salud mental). Considero que por ahí puede estar la brecha (...) no es que no se les esté dando la prioridad, sino que no al mismo nivel como los colaboradores lo necesitan”, de acuerdo con Karen Villanueva, gerente de inteligencia de negocio y mercado de OCC.


Por qué la salud mental es un asunto de Recursos Humanos


Esa diferencia respecto la prioridad de la salud mental para los empleadores y reclutadores tiene distintas aristas: desde que sea considerada un gasto, no saber cómo y qué estrategias llevar a cabo o tener un objetivo enfocado sólo en la productividad y beneficio económico, advierten especialistas.

“(Las empresas) responden a fines distintos. Los centros de trabajo son unidades productoras que están insertadas en un modelo económico que aprecia la acumulación del capital. Eso no tiene nada que ver con la salud mental. Todos los centros de trabajo persiguen un número. Así está organizado nuestro mundo, los centros de trabajo no persiguen la salud”, explica Jorge Mérida, vicepresidente de Salud Mental en el Trabajo del Colegio Nacional de Psicología Clínica para el Trabajo (Conapsit).

Sin embargo, la salud mental y la productividad sí están relacionadas, de ahí que aquellas empresas que le den prioridad tanto con una cultura libre de prácticas de riesgo que afectan al trabajador y atención tendrán trabajadores más enfocados en sus tareas, en mejores condiciones cognitivas y un bienestar general.

“Mientras no se den cuenta de la relación entre productividad y bienestar emocional o mental, entonces se va a dar prioridad por parte del empleador a la productividad, mientras que la persona sí le va a dar mayor importancia a su salud”, advierte Marco Antonio Bautista Santiago, psicólogo e investigador y docente en la Universidad Iberoamericana.

Además, en empresas que sólo priorizan los resultados numéricos y la productividad las prácticas para prevenir y atender transtornos mentales derivados del trabajo puede ser vista como un gasto y parte de la cultura que normaliza el estrés crónico como algo “natural” en el mundo laboral, de acuerdo con Joel Cuéllar López, psicólogo organizacional.

“Hay una cultura laboral, que se puede resumir en la frase de ‘si no te quieres estresar entonces no trabajes, no hay una diferenciación entre un estrés saludable -que nos permite completar tareas- y un estrés crónico para el que nuestro cuerpo no está diseñado”, detalla Cuellar..


Trabajadores dan un alta prioridad a la salud mental en el trabajo


Por su parte, la importancia que otorgan los trabajadores a la salud mental es porque entre un 15% y 20% de la población trabajadora, de acuerdo con Conapsit, tuvo algún transtorno mental en los últimos doce meses.

“La gente sí se da cuenta porque lo vive: jornadas bajo presión excesiva, estrés elevado, cumplir con cuotas productivas”, expone Bautista Santiago.

Además, esta importancia a la salud mental tiene un factor generacional, pues las poblaciones menores de 30 años conciben el empleo como parte de su vida, no como su objetivo primordial, por lo que también buscan flexibilidad, autocuidado, y una cultura laboral que no sólo tenga prácticas y beneficios para atender la salud mental sino que no generen riesgos que mermen la calidad de vida del empleado.

“(Los colaboradores) están viendo, sobre todo trabajadores 30 años o menos, que no sólo la remuneración económica es importante, sino que hay un montón de cosas alrededor del trabajo que sirven como el ambiente del trabajo”, explica Cuellar. Entre ellas menciona pasar menos tiempo en los traslados, convivir más y mejor con familia y amigos, que se respeten los horarios tanto de entrada como de salida.

El 39% del talento de entre 26 a 30 años de edad y el 37% de la población trabajadora de entre 31 a 40 años considera la flexibilidad laboral como una clave para el bienestar, por encima de las generaciones mayores, de acuerdo con datos de OCC.


“No solamente quiero una empresa que me dé, quizás, acceso a servicios de salud mental si los necesito, sino también que una empresa que no genere esos elementos riesgosos: inestabilidad en el empleo, escaso reconocimiento, inadecuada supervisión o retroalimentación, sobrecarga de trabajo jornadas prolongadas, trabajo informal, todos elementos riesgosos para la salud mental”, dice Mérida.

¿Qué es la salud mental y cómo cuidarla en el trabajo?

La salud mental es un estado de bienestar físico, social, intelectual y cognitivo que permiten a los seres humanos ser funcionales en sus grupos sociales.

“Ser funcional, ya sea en la familia, en el trabajo, en su comunidad. La salud mental no es solamente la ausencia de algún problema o ausencia de enfermedad, sino más bien es es como el bienestar que abarca pues todas esas áreas de la vida”, explica Jorge Mérida.

Una persona que tiene una buena salud mental es exitosa en el trabajo, en sus relaciones interpersonales y desarrolla todo su potencial y es productivo.

El bienestar mental se afecta cuando se encuentra en un ambiente de tensión constante y que genera estados de estrés, ansiedad o depresión, añade Bautista

En el espacio laboral es un asunto de corresponsabilidad entre los trabajadores y la organización, la cual también puede obtener beneficios y mejoras en su productivas en tanto cuente con colaboradores mental y emocionalmente saludables.

“Yo puedo cuidar muy bien, me duermo a mis horas, hago ejercicio, no fumo, no bebo, socializo, pero si la emisión de estos elementos riesgosos no cesan en el trabajo pues por más protección que yo pueda hacer, no voy restablecer mi salud”, explica Mérida.

Para las empresas también hay un costo al no generar culturas de prevención y atención a la salud mental de los trabajadores. Por ejemplo, una alta rotación de personal, ausentismo de colaboradores que somatizan el estrés, y una “desesperanza aprendida”, es decir, un comportamiento en que harán lo mínimo.

¿Qué hacer para cuidar mi salud mental?

Los especialistas coinciden en que si los factores que desencadenan problemas de salud mental y física en los trabajos no hay autocuidado que pueda garantizar bienestar. Sin embargo, eso no implica abandonarse y dan algunas recomendaciones para realizar tanto en lo individual como por la empresa.

  • Acudir al médico con regularidad para prevenir malestares físicos y mentales.
  • Alimentarse sanamente y realizar actividad física al menos 30 minutos por tres días a la semana.
  • Disminuir el consumo de sustancias como el alcohol.
  • Socializar tanto en el trabajo como fuera.
  • Afrontar problemas de forma activa en lugar de evadirlos.
  • Desplegar autocompasión y aceptación para reconocer los límites propios.
  • Prácticas la respiración consciente.
  • Buscar actividades para canalizar las emociones como cantar, oír música, pintar, colorear.
  • En las empresas promover la sabiduría, es decir, la capacidad de autorregulación emocional, la espiritualidad y definir objetivos trascendentes, como pensar en el beneficio de realizar una tarea laboral.
  • Atender la soledad en el trabajo, promover la socialización, pues la soledad se asocia a menor salud mental y física.
  • Cumplir con la normatividad asociada a mejorar las condiciones de trabajo, como la Norma 035 o la capacitación para eliminar la violencia laboral.Y a nivel de gobiernos, mejorar y ampliar la atención a la salud mental.

Fuente:  https://www.eleconomista.com.mx/capital-humano/paradoja-bienestar-trabajadores-piden-salud-mental-empleadores-productividad-20260325-805709.html