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lunes, 24 de octubre de 2011

Las negociaciones del clima ¿por qué y para qué?

ÚLTIMA ACTUALIZACIÓN: 23 DE OCTUBRE DE 2011 17:32 | POR FRANCISCO SOTO
El cambio climático es la principal amenaza que la humanidad se encuentra enfrentando y que tendrá que enfrentar en el presente siglo.

Aunque desde hace pocos años nuestro país ha empezado a familiarizarse con el término del "cambio climático", y a verlo en titulares de noticias y a escucharlo en discursos de tipo político; el cambio climático se originó desde los tiempos de la revolución industrial, cuando el crecimiento económico de las sociedades modernas se ideó basado en la quema de combustibles fósiles como principal motor energético.

En 2007, el informe más reciente del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) despejó cualquier duda científica sobre las raíces del cambio climático al demostrar que su causa es el aumento histórico de las emisiones de gases de efecto invernadero por actividades antropogénicas; siendo el gas y fuente principales, el CO2 proveniente de la combustión de los derivados del petróleo, el carbón mineral y el gas natural, del sector energético especialmente de los países industrializados (llamados "desarrollados").

De hecho, hablar de "desastres naturales" frente a los impactos del cambio climático es equívoco, pues cuando se presenta un evento climático extremo, por ejemplo una lluvia intensa, un temporal, un ciclón, o bien una sequía; dicho evento no es el resultado de un capricho de la madre naturaleza –como muchas veces se quiere mostrar-; si no el resultado de un desajuste energético, causado por un incremento antropogénico en las concentraciones de los gases de efecto invernadero en la atmósfera.

A pesar del escepticismo mostrado por algunos sectores, incluyendo algunos segmentos académicos y filosóficos; 195 países del mundo han aceptado que el cambio climático posee estas causas antropogénicas, y han adoptado un objetivo común de estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, a niveles que no signifiquen un peligro para los ecosistemas de nuestro planeta, incluyendo las sociedades y la especie humana.

La promulgación de dicho objetivo, significó la creación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), la cual podría considerarse uno de los convenios mundiales con mayor dinamismo y notoriedad en el ambiente actual de las Naciones Unidas.

La CMNUCC acoge las llamadas "negociaciones del clima", que no son más que un proceso multilateral de negociaciones para encontrar soluciones concensuadas entre todas las naciones del mundo ante un problema global… un problema global con serios impactos locales especialmente en países en desarrollo y con altos niveles de pobreza y vulnerabilidad como el nuestro y el de la región centroamericana; como lo han demostrado los estragos humanos, ambientales y económicos ocasionados por el fenómeno lluvioso de octubre de 2011 en nuestro territorio.

La CMNUCC entró en acción desde 1994 para enfrentar el cambio climático mediante un foro multilateral regido por los principios de equidad y soberanía de las naciones, precautoriedad y derecho al desarrollo económico; como también sobre el hecho que los países poseen responsabilidades comunes pero diferenciadas, según el grado en que cada país ha contribuido históricamente a la generación de gases, los niveles de vulnerabilidad y las capacidades nacionales para enfrentar el problema.

Actualmente, se celebrará la 17ava Conferencia de las Partes (COP, por sus siglas en inglés) en Durban (Sudáfrica) a finales de 2011, sumándose así a una larga serie de reuniones organizadas en diferentes partes del mundo y durante los últimos 17 años. No obstante, el cambio climático se sigue manifestando con mayor magnitud y frecuencia; sus impactos afectan adversamente los ecosistemas del planeta, las condiciones humanas y los diferentes sectores de la economía; y las emisiones de gases de efecto invernadero siguen aumentando sus concentraciones en la atmósfera y acelerando el desajuste energético ya creado.

Entonces, ¿Qué transcurre en las negociaciones del clima, como para que aún no se tenga un acuerdo global que represente la solución ante el cambio climático? Lógicamente, la solución al problema debería ser una mitigación efectiva de las causas del cambio climático, para que éste se manifieste de manera menos intensa, y su incidencia se desacelere en los próximos años y décadas, permitiendo que la adaptación a los impactos aún sea viable.

La respuesta a esta pregunta es simple. Lo que la CMNUCC negocia es el nivel máximo al que se deben estabilizar los gases de efecto invernadero en la atmósfera (en concentración de CO2), para que el cambio en la temperatura promedio del mundo sea de "tantos" grados para finales de siglo, de tal manera que ese cambio de temperatura aún permita que las sociedades humanas y los ecosistemas puedan adaptarse adecuadamente ante los impactos climáticos adversos provocados.

No cabe duda que la voluntad y expresión política de todos los países en las negociaciones del clima, al menos aparentemente y frente a la opinión pública, se tornan a favor que la temperatura aumente lo menos posible (hablándose de un máximo de 2°C), y que por tanto hay que hacer recortes en las emisiones de gases de efecto invernadero.

Tampoco cabe duda que la soberbia de las sociedades humanas nos ha llevado a pensar que los humanos podemos decidir "qué tanto se puede calentar el planeta", es decir que tanto podemos hacerlo desaparecer.

Pero el problema real y las discrepancias aparecen cuando las negociaciones llegan al punto de decidir lo qué tendría que pasar en las economías y las sociedades humanas, para que la temperatura no aumente esos 2°C.

Lo anterior supone el establecimiento de un objetivo global de reducción de emisiones; la repartición de cuánto debe reducir cada país, incluyendo las responsabilidades de países desarrollados y en desarrollo, pasando por los países en desarrollo con economías emergentes; los sectores en que las reducciones deben ocurrir; el lapso de tiempo en que deben cumplirse; los gases que deben atacarse como principales causantes; los mecanismos de flexibilidad aceptables para que la reducción de las emisiones sean efectivas, y el formato legal que respaldaría el cumplimiento de los compromisos.

Se sabe que las condiciones óptimas deben consistir en que las reducciones de emisiones sean principalmente de CO2 y en el sector energético de los países industrializados; que el pico máximo de emisiones suceda antes de 2015; que los países industrializados hagan reducciones de al menos 50% en 2020 respecto a los niveles de emisión de 1990; que las reducciones se implementen en sus territorios, sin la ayuda de mecanismos de compensación económica que desplacen los compromisos de reducción hacia los países en desarrollo y/o hacia otros sectores como el forestal o el agrícola; que las reducciones de emisiones de estos últimos países y sectores sean contribuciones al esfuerzo global; y que exista un acuerdo legalmente vinculante, como lo es en la actualidad el Protocolo de Kioto. No existe aún un acuerdo logrado para frenar el cambio climático, y los alcances adoptados hasta ahora apuntan en realidad a un aumento de temperatura de más de 4°C.

Por tanto, el logro de un acuerdo óptimo que frene el ritmo y magnitud del cambio climático, requiere ir más allá de las puras voluntades políticas de los gobiernos, y sobrepasar la obsoleta figura polarizada entre países "desarrollados" y "en desarrollo"; requiere de cambios sustantivos, profundos y planeados a largo plazo en los estilos de vida actuales, los cuales se han basado en el consumo de bienes y servicios para satisfacer necesidades creadas, y en el derroche desbordado de recursos naturales; requiere de un cambio en la concepción actual de lo que hemos llamado irrefutablemente "desarrollo económico", cuando este se ha basado en el dínamo oxidante de combustibles fósiles; requiere comprender el problema, y cambiar desde dentro de cada individuo y de cada concepción social, lo que el desarrollo humano y el "buen vivir" deben significar para nuestros países y para el mundo futuro.

Sólo así, los complejos laberintos de las negociaciones del clima, y de otros temas de preocupación global, encontrarían una salida. Tal vez aún no sea demasiado tarde.
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