domingo, 29 de diciembre de 2013

Temperaturas más altas atraen lluvia a glaciares




TALI SANTOS

Mathias Vuille, exmiembro del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), en un diálogo con este Diario evalúa la condición de los glaciares andinos.
Ha participado en los informes sobre cambio climático del IPCC, el ente científico que obtuvo en el 2007 el Premio Nobel de la Paz; es catedrático de Ciencias Atmosféricas y Ambientales de la Universidad de Albany, Nueva York, y desde hace quince años ha realizado expediciones en el Ecuador junto con científicos del IRD (Agencia Interestablecimientos de Investigación para el Desarrollo, de Francia) para evaluar el impacto del cambio climático en los glaciares. Estuvo recientemente en Quito en un taller internacional organizado por la Unesco, entes regionales y Senagua.
Tras quince años de estudios, ¿cuál es el diagnóstico que hace sobre la condición de los glaciares ecuatorianos?

Lo que se puede observar en esta zona es que hay un retroceso de todos los glaciares. Yo conozco sobre todo el del Antisana y es un retroceso muy fuerte. Hubo un periodo muy breve, de 1999 al 2001, en el que el glaciar avanzó un poco, pero después continuó en su retroceso.
¿A qué lo atribuye?

Esos estudios que hicimos muestran que la razón principal es el aumento de la temperatura. En el pasado casi todas las precipitaciones sobre el glaciar eran en forma de nieve, pero ahora, con temperaturas más altas, hay muchas más lluvias en el glaciar, lo que es terrible para su balance, pues con lluvia hay mucha pérdida de hielo y con temperaturas más altas hay más y más lluvias, y más y más pérdida de nieve. Además, cuando cae nieve se tiene una cobertura blanca sobre el glaciar y la radiación solar se refleja, no se absorbe la energía; pero cuando hay lluvia, la superficie es gris, casi negra, y hay mucha más absorción de la energía que viene del Sol. No se refleja.
Un escenario negativo.

Ha seguido casi constantemente el retroceso del glaciar. Todos los glaciares del Ecuador y de los Andes están en un desequilibrio con el clima. Los glaciares retroceden para buscar otro equilibrio, y si no cambia el clima, si el clima es estable, retroceden hasta un punto en que están en un nuevo equilibrio. Pero como el clima sigue cambiando hay un desfase y los glaciares siguen retrocediendo.
¿Cuánto han retrocedido?

No sé los datos exactos, pero sabemos que en el Cotopaxi en los últimos 30 y 35 años se ha perdido el 40% de la superficie del glaciar. En el Antisana es similar.
Se han reunido en este taller para compartir criterios que permitan diseñar políticas para enfrentar la situación, ¿cuál es la prioridad?
Como científicos hacemos estudios, pero no hay ninguna traducción de esos resultados en una manera pública para que puedan ser útiles. No sirven de la manera en la cual la producimos hoy; entonces, necesitamos entrar en un diálogo con los gestores de agua, los educadores. Pero tenemos recomendaciones concretas para la adaptación; por ejemplo, sabemos cómo va a afectar el retroceso de glaciares a los páramos, porque en Ecuador los glaciares no son tan importantes como reguladores de agua; los páramos son mucho más importantes.
Estos se han visto afectados por el uso del suelo, ¿es un problema de control?

Sí, de control, de uso forestal, agrícola. No solo de disponibilidad de agua, sino también de demanda de agua. En Bolivia o en Lima, por ejemplo, el principal problema es el aumento de la población, que necesita más y más agua. Además, hay industrias como la minería que utilizan mucha agua, o la producción de energía hidroeléctrica. Todos quieren su porción de agua.
¿Cómo influye Ecuador en el cambio climático?

Ecuador no contribuye mucho, porque no emite mucho carbón. En el caso de Ecuador va a depender un poco de lo que pase con las reservas de petróleo en la Amazonía.
Si la Amazonía ecuatoriana se mantuviera al menos como está, ¿cuál sería el efecto?
Una razón importante para proteger a la Amazonía es el ciclo del carbón, porque más árboles sacan carbón del aire y al fin todo ese carbón se queda en la biosfera o en los suelos; pero una vez que se cortan, todo ese carbón va a contribuir al efecto invernadero. El bosque contribuye a un clima moderado por toda la evaporación y el clima de América del Sur es fuertemente influido por la Amazonía, y si lo cortamos, sobre todo en Brasil, vamos a tener mucha más sequía y cambios en el clima.
La postura de EE.UU. de no firmar Kyoto, por ejemplo, genera posturas inamovibles en otros países que dicen “si el otro no hace, yo tampoco”.

Sí, es un gran problema. Vivo en EE.UU. y la situación es que hay dos partidos (políticos), y no puede avanzar esta agenda porque hay un lobby con mucha influencia que no piensa que el cambio climático es un problema, o porque ganan mucha plata con la producción de combustibles fósiles. La agenda, creo, avanzará cuando se produzcan más impactos en EE.UU. con eventos extremos: sequías, inundaciones, huracanes. Y, una vez que se pueda ligar eso al cambio climático, la población se va a dar cuenta del problema que tenemos.
¿El huracán Sandy no representó alguna presión?
En el estado de Nueva York sí, porque fue un evento regional, pero a nivel nacional no tanto. El problema es que Sandy es un huracán y es muy difícil, de manera científica, vincularlo al cambio climático.
Pero sí se vinculó el huracán que azotó este año a Filipinas.

Siempre hemos tenido huracanes y no tienen nada que ver con el cambio climático, lo que pasa es que esos huracanes hoy se forman en un ambiente diferente. La temperatura superficial, que es la energía para el huracán, es más alta; y con temperaturas más altas en el aire hay más humedad y si hay más humedad, será más fuerte un huracán; entonces podemos decir que la intensidad o la frecuencia de los huracanes va a cambiar en el futuro ligado al cambio climático.
¿Qué tan consciente es la sociedad de lo que pasa?

Creo que estamos demasiado preocupados por otras cosas en la vida diaria, todos tenemos nuestros problemas, nuestro trabajo. Y la experiencia del cambio climático no es diaria.
Tal vez en países como Filipinas ya hay un antes y un después de esa experiencia.

Sí, lamentablemente.
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