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lunes, 29 de septiembre de 2008

Por primera vez desde 1913 no se observa ninguna mancha solar durante un mes entero...



JOSÉ MANUEL NIEVES MADRID
Jueves, 04-09-08


Durante los últimos ocho meses, el Sol ha permanecido inusualmente silencioso. Tanto, que los astrónomos empiezan a preguntarse si tanta quietud no será, para nuestra desgracia, la calma que precede a una actividad jamás conocida hasta ahora. Desde enero de este año, las manchas oscuras que normalmente salpican la superficie de nuestra estrella (y que no son otra cosa que zonas temporalmente más frías, causadas por la irrupción a la superficie de los campos magnéticos internos) han desaparecido casi por completo sin que nadie acierte a decir cuándo volverán a producirse, ni en qué medida lo harán.
La velocidad y la intensidad de la próxima «generación» de manchas revelaría a los científicos cómo de activo será el nuevo ciclo solar que se avecina, y cómo de peligroso, por lo tanto, para los sistemas de comunicaciones por satélite y redes eléctricas terrestres.
Variación cíclica
Pero el Sol, por ahora, prefiere seguir guardando su secreto. Normalmente, el número de manchas solares varía cíclicamente (desde un mínimo hasta un máximo y vuelta a empezar) en periodos que se suceden cada once años, el mismo tiempo que tardan los polos magnéticos de la estrella en invertir su dirección. En los momentos de máxima actividad, es fácil que se produzcan varias docenas de manchas al día. Y si bien es cierto que ahora estamos al final del ciclo actual, y en el periodo de menor intensidad, la total ausencia de manchas (como se puede observar en la imagen del satélite Soho, tomada ayer) sugiere un «parón» que no es en absoluto habitual.
La velocidad y la intensidad de las manchas del Sol revelan cómo será el próximo ciclo solar
Para colmo, según la Agencia Atmosférica y Oceánica de los Estados Unidos (NOAA), agosto de 2008 ha sido el primer mes completo desde 1913 en que no se ha detectado ninguna mancha solar. Y el centro de Análisis de Datos Solares con sede en Bruselas, la máxima autoridad al respecto, asegura que en todo el mes apenas si se ha podido detectar un pequeño y fugaz punto que podría ser contado como mancha.
¿Normal o anormal?
La cuestión, ahora, está en averiguar si se trata de una oscilación normal, aunque más marcada, de la actividad solar, si nos encontramos ante alguna especie de «anemia estelar» cuya duración desconocemos o si, por el contrario, la tranquilidad actual anuncia que el nuevo ciclo de once años (que debería estar comenzando ya) será extremadamente violento. Y hay respuestas y teorías para todos los gustos.
Por un lado, algunos especialistas predicen que los próximos once años serán «relativamente tranquilos». Aunque, según ha asegurado a la revista «New Scientist» el «cazador de manchas» Leif Svalgaard, de la Universidad de Standford, los expertos están esperando a ver el ritmo al que se producen las manchas cuando éstas por fin reaparezcan. Cuanto mayor sea este ritmo, más activo estará el Sol durante la próxima década y mayores, y más intensas, serán las tormentas solares. «Los nuevos ciclos -ha dicho Svalgaard- empiezan con un disparo. Un mes no hay nada, y al siguiente las manchas están por todas partes».
Los que apuestan por un futuro tranquilo se basan en una teoría que sugiere que los campos magnéticos que se hunden en el Sol cerca de sus polos viajan relativamente rápido bajo la superficie, donde se producen las manchas. Y si las observaciones muestran, como es el caso, poca actividad magnética, eso significa que el siguiente ciclo solar no tendrá nada de especial.
Otros, sin embargo, creen que los campos magnéticos viajan durante décadas por el interior del Sol antes de volver a salir a la superficie, creando las conocidas manchas. Y estos especialistas predicen que una oleada inusualmente fuerte de actividad está a punto de desencadenarse.
Si así fuera, sería un auténtico golpe para nuestra comprensión actual de la mecánica solar. Además de una larga década de violentas tormentas de partículas que pondrían en jaque el desarrollo tecnológico de nuestra civilización. Por ahora, sólo queda seguir mirando y esperar. Sólo cuando suceda lo que ha de suceder, sabremos a qué atenernos.

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