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sábado, 21 de febrero de 2026

El impacto silencioso del cambio climático en la salud mental: ¿qué es la ecoansiedad?

 


La ecoansiedad es "un término que engloba el conjunto de respuestas emocionales de la población ante la anticipación y vivencia de fenómenos asociados al cambio climático", explica a 'Euronews la psicóloga' Teresa Pereira. ¿Cómo se manifiestan (y afrontan) estos sentimientos negativos?


En todo el mundo se multiplican las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos, alimentados por el cambio climático. Desde el aumento de la temperatura media mundial hasta las sequías y los incendios forestales intensos -sin olvidar las tormentas, cada vez más frecuentes, con fuertes lluvias y vientos que pueden causar estragos-, todos estos fenómenos tienen efectos negativos cada vez más evidentes en la vida cotidiana de las personas

En las últimas semanas, Portugal se ha visto muy afectado por un "tren de tormentas" que ha causado grandes daños en todo el país, especialmente en la región Centro. Según datos divulgados por la Comunidad Intermunicipal (CIM) de la Región de Leiria, se estima que solo los diez municipios que la componen han sufrido pérdidas que podrían superar los mil millones de euros.

Pero el impacto sobre la población no sólo se mide por los destrozos causados por sucesos de esta naturaleza y, en consecuencia, por los costes inherentes a todo el proceso de reconstrucción, recuperación y restablecimiento de infraestructuras y bienes materiales de todo tipo. A menudo también influye en la salud mental de las personas.

En declaraciones a 'Euronews', Teresa Pereira, psicóloga doctora en Psicología Aplicada e investigadora en las áreas de psicología y cambio climático, explica que existe "un término que engloba el conjunto de respuestas emocionales de la población ante la anticipación y también, en esencia, la vivencia de los fenómenos asociados al cambio climático"..

Se trata de la ecoansiedad,un concepto que "fue mencionado por primera vez por un filósofo medioambiental llamado Glenn Albrecht en 2007" y que, exactamente diez años después, en 2017, fue definido "oficialmente" por la Asociación Americana de Psicología "como un miedo crónico a la degradación medioambiental".

Según ha explicado la psicóloga Teresa Pereira, se trata de un término que "puede caracterizarse por la variabilidad emocional", que acaba manifestándose, por ejemplo, a través de síntomas de "ansiedad, preocupación, miedo, ira o culpa". Pero también a través de otros síntomas más "fisiológicos" o "cambios en las rutinas de la vida cotidiana de los individuos", como cambios "en los patrones de sueño, pérdida de apetito, búsqueda constante de información sobre el cambio climático" o una "disminución del rendimiento académico" en el caso de los más jóvenes.

Pero, ¿qué puede desencadenar la ecoansiedad?

Los "efectos de la degradación ambiental sobre la salud mental", explica Teresa Pereira, deben considerarse "a tres niveles". Uno de ellos tiene que ver con las consecuencias "directas" de los fenómenos climáticos, es decir, "cuando las personas viven directamente" estas situaciones "y, en este caso, pueden aparecer síntomas como la ansiedad, la depresión y, eventualmente, el trastorno de estrés postraumático".

Pero el impacto también lo pueden sentir las personas que se ven afectadas por las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos sólo a un "nivel más indirecto", ya que "no experimentan ni presencian directamente" estos acontecimientos.

Sin embargo, el impacto de estos fenómenos meteorológicos en las "infraestructuras que utilizan" -como los servicios públicos-, así como en sus "medios de subsistencia" -un ejemplo son los agricultores que han visto sus cosechas devastadas como consecuencia de las recientes tormentas en Portugal-, puede tener efectos negativos en la salud mental.

Por último, también hay que tener en cuenta que, según la doctora en Psicología Aplicada, "a través de los medios de comunicación o de la información que reciben de otras personas", los ciudadanos acaban conociendo más sobre estos fenómenos y sus impactos. "Normalmente, la ansiedad ecológica se sitúa más en este tercer nivel".

Es decir, "el hecho de tener esta información de que el cambio climático es un fenómeno cada vez más presente en nuestra vida cotidiana acaba generando la experiencia de la ecoansiedad en las personas, aunque no hayan sido testigos directos de un suceso extremo".

En un momento en el que cada vez aparecen más "informaciones e imágenes" en los medios de comunicación portugueses sobre las consecuencias del cambio climático en la vida de las personas, es por tanto "natural que esta preocupación se haga más presente y que el fenómeno se haga más real".

Esto se debe a que, hoy en día, no sólo se trata de situaciones que "ocurren en otros países, en otros lugares geográficos, o con personas distintas de nosotros mismos, de nuestras familias" o, en otras palabras, de la comunidad portuguesa, lo que les confiere un carácter de mayor "proximidad".

La ansiedad ecológica es una respuesta "normal"

A pesar de la variedad de síntomas y de las diferentes formas en que puede manifestarse la ecoansiedad, "es muy importante que la población en general sea consciente" de que se trata de "un fenómeno esperado que revela una respuesta adaptativa", especialmente en el caso de quienes han vivido en primera persona las consecuencias de fenómenos meteorológicos extremos, como es el caso de los ciudadanos directamente afectados por las últimas tormentas. Es decir, "es normal que las personas, ante un fenómeno de tal magnitud que afecta a sus vidas, muestren estas respuestas emocionales", explica la psicóloga Teresa Pereira.

En este sentido, es importante señalar que la ecoansiedad "no es una patología". Aún así, en los casos en los que este tipo de comportamiento interfiere "de forma más significativa en la vida diaria" de las personas -o incluso provoca una cierta "parálisis"- "puede ser necesario buscar la ayuda de profesionales de la salud mental" para que puedan recibir apoyo especializado.

Pero en muchos casos, la "validación y el apoyo de la comunidad, la familia, los profesores y los compañeros", combinados con otras estrategias, pueden ser aún más esenciales. Por ello, también pidió que se promuevan medidas que ayuden a la "población general a ser más empática" cuando se trata de este tema, para favorecer una mayor "validación" de estas emociones. Y la clave, en este sentido, pasa también por "promover la alfabetización sobre este fenómeno" que "desgraciadamente es cada vez más frecuente en nuestro país", dice la experta.

Esta promoción implica también a los centros educativos. "Hoy en día, en los currículos escolares, generalmente tenemos un enfoque un poco más centrado en las dimensiones cognitivas de saber qué es el cambio climático. Pero también es importante aportar una dimensión afectiva, entender cómo nos sentimos afectados y cómo podemos implicarnos más activamente" para responder a ellos, argumentó el psicólogo.

Por eso, sobre todo con los jóvenes, es importante no adoptar "una actitud alarmista", aunque ésta sea una premisa aplicable a la población en general. Es más aconsejable adoptar "un enfoque lo más positivo y realista posible" y mostrar "disposición a debatir el tema" de forma "razonada y centrada en las soluciones" que ya se están desarrollando para intentar paliar las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos.

¿Qué puede ayudar a combatir la ansiedad ecológica?

Según Teresa Pereira en declaraciones a 'Euronews', basándose en las investigaciones científicas existentes sobre el tema, la ecoansiedad también puede motivar a los individuos a adoptar "comportamientos de protección del medio ambiente, es decir, comportamientos pro-ambientales". Y una de las**"tres estrategias comunes más eficaces para hacer frente a la ecoansiedad"**, basada en algunos estudios aún preliminares que se han desarrollado en los últimos años, está precisamente relacionada con este tipo de iniciativas.

Según la psicóloga, "algunos investigadores afirman que la acción, la implicación en acciones para proteger el medio ambiente, es el mayor antídoto contra la ecoansiedad", ya que crea "una sensación de utilidad", pero también de "control y esperanza".

Otra posible forma de intentar hacer frente a esta respuesta emocional puede ser "la implicación en grupos, en asociaciones con un enfoque más medioambiental, [contactando] con otras personas que manifiesten ecoansiedad", con el fin de adquirir "un mayor apoyo social".

Por último, cabe destacar que ya existen "muchos estudios que asocian el contacto con la naturaleza, con los espacios verdes y azules, con mayores niveles de bienestar", por lo que también podría ser una estrategia válida para combatir "algunos síntomas de ansiedad y depresión que pueden estar asociados a esta, en esencia, anticipación de los efectos del cambio climático".

Cartografía de la ecoansiedad

En los últimos años, la investigación académica se ha centrado cada vez más en cómo afecta la ecoansiedad a las poblaciones. La bibliografía, subraya la doctora en Psicología Aplicada, se basa en variables y metodologías diferentes, lo que a menudo dificulta las comparaciones fiables. Sin embargo, sí ofrecen algunos indicadores que permiten evaluar cómo se está imponiendo esta realidad en distintas partes del mundo.

Un estudio europeo, publicado en el 'European Journal of Public Health' en 2023, basado en datos extraídos de la 10ª ronda de la Encuesta Social Europea (recogida entre 2020 y 2022), evaluó el nivel de preocupación de "52.219 participantes mayores de 15 años de 25 países" por el cambio climático. La investigación concluyó que existen "diferencias significativas en los niveles de ecoansiedad entre los países europeos", con Alemania (55,3%) y España (55,2%) con los niveles más altos, y Eslovaquia (22,6%) y Estonia (24,7%) en la parte inferior de la tabla.

Otro análisis de 2021, publicado en 'The Lancet Planetary Health', encuestó a 10.000 niños y jóvenes de entre 16 y 25 años de diez países -Australia, Brasil, Estados Unidos de América, Filipinas, Finlandia, Francia, India, Nigeria, Portugal y Reino Unido- para recoger "datos sobre las opiniones y sentimientos de los participantes acerca del cambio climático".

El estudio concluyó que los "países que expresaron mayor preocupación e impacto en su funcionamiento tendían a ser más pobres, estar situados en el Sur Global [economías emergentes] y verse más directamente afectados por el cambio climático". Sin embargo, en el Norte Global, que engloba a los llamados países más desarrollados, "Portugal (que ha experimentado un aumento dramático de los incendios forestales desde 2017) mostró el mayor nivel de preocupación".

egún la psicóloga, "algunos investigadores afirman que la acción, la implicación en acciones para proteger el medio ambiente, es el mayor antídoto contra la ecoansiedad", ya que crea "una sensación de utilidad", pero también de "control y esperanza".

Otra posible forma de intentar hacer frente a esta respuesta emocional puede ser "la implicación en grupos, en asociaciones con un enfoque más medioambiental, [contactando] con otras personas que manifiesten ecoansiedad", con el fin de adquirir "un mayor apoyo social".

Por último, cabe destacar que ya existen "muchos estudios que asocian el contacto con la naturaleza, con los espacios verdes y azules, con mayores niveles de bienestar", por lo que también podría ser una estrategia válida para combatir "algunos síntomas de ansiedad y depresión que pueden estar asociados a esta, en esencia, anticipación de los efectos del cambio climático".

Cartografía de la ecoansiedad

En los últimos años, la investigación académica se ha centrado cada vez más en cómo afecta la ecoansiedad a las poblaciones. La bibliografía, subraya la doctora en Psicología Aplicada, se basa en variables y metodologías diferentes, lo que a menudo dificulta las comparaciones fiables. Sin embargo, sí ofrecen algunos indicadores que permiten evaluar cómo se está imponiendo esta realidad en distintas partes del mundo.

Un estudio europeo, publicado en el 'European Journal of Public Health' en 2023, basado en datos extraídos de la 10ª ronda de la Encuesta Social Europea (recogida entre 2020 y 2022), evaluó el nivel de preocupación de "52.219 participantes mayores de 15 años de 25 países" por el cambio climático. La investigación concluyó que existen "diferencias significativas en los niveles de ecoansiedad entre los países europeos", con Alemania (55,3%) y España (55,2%) con los niveles más altos, y Eslovaquia (22,6%) y Estonia (24,7%) en la parte inferior de la tabla.

Otro análisis de 2021, publicado en 'The Lancet Planetary Health', encuestó a 10.000 niños y jóvenes de entre 16 y 25 años de diez países -Australia, Brasil, Estados Unidos de América, Filipinas, Finlandia, Francia, India, Nigeria, Portugal y Reino Unido- para recoger "datos sobre las opiniones y sentimientos de los participantes acerca del cambio climático".

El estudio concluyó que los "países que expresaron mayor preocupación e impacto en su funcionamiento tendían a ser más pobres, estar situados en el Sur Global [economías emergentes] y verse más directamente afectados por el cambio climático". Sin embargo, en el Norte Global, que engloba a los llamados países más desarrollados, "Portugal (que ha experimentado un aumento dramático de los incendios forestales desde 2017) mostró el mayor nivel de preocupación".

Aun así, una investigación más reciente, publicada en la revista 'Social Responsibility Journal', dedujo, basándose en una muestra total de 3.300 individuos de 18 años o más, que "la prevalencia de la ansiedad relacionada con el cambio climático es baja entre los adultos en Portugal".

En otras palabras, la psicóloga Teresa Pereira resumió que "lo que la investigación ha demostrado es que las personas con mayor conciencia ecológica, es decir, las personas más preocupadas por el medio ambiente y más sensibles a estas cuestiones climáticas, son las que muestran una mayor prevalencia de ecoansiedad". Por ello, los jóvenes destacan en este nivel, ya que están "atravesando un periodo de desarrollo que les expondrá con el tiempo a los efectos del cambio climático", por lo que "es natural que su preocupación e implicación sean también más significativas".


Fuente:  https://es.euronews.com/salud/2026/02/19/el-impacto-silencioso-del-cambio-climatico-en-la-salud-mental-que-es-la-ecoansiedad

jueves, 19 de febrero de 2026

El cambio climático entra en la jornada laboral: un nuevo reto para la salud en el trabajo

 El calor excesivo ya se asocia a casi 19.000 muertes laborales al año en el mundo, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)
En la UE, un tercio de los trabajadores declara exposición a riesgos climáticos como calor extremo, mala calidad del aire o eventos extremos

El aumento de las temperaturas y la duración de las olas de calor, la peor calidad del aire y la mayor frecuencia de episodios meteorológicos extremos están afectando tanto a empleos al aire libre como a actividades urbanas e interiores, al elevar la fatiga y el riesgo de accidentes y problemas de salud vinculados al estrés térmico. Ese cambio obliga a revisar supuestos básicos de la prevención, explica Xavier Baraza Sánchez, director de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), especializado en prevención de riesgos laborales (PRL).
"El cambio climático no es solo un concepto científico o un debate político; es una realidad cotidiana que entra en los centros de trabajo, impacta en la salud de las personas y obliga a repensar qué entendemos por prevención de riesgos laborales", señala Baraza.

Según datos divulgados por la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA), al menos un tercio de los trabajadores europeos declara estar expuesto a riesgos relacionados con el clima —como el calor extremo, los fenómenos meteorológicos extremos o la mala calidad del aire—, y un 31 % manifiesta preocupación por el impacto de estos riesgos en su salud y seguridad. Las repercusiones se traducen en más costes sanitarios, deterioro de la calidad del empleo y pérdidas de productividad.
Además, el estrés térmico puede provocar agotamiento, golpes de calor e incluso la muerte, según advierte un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y a largo plazo los trabajadores pueden desarrollar enfermedades crónicas graves y debilitantes que afectan al sistema cardiovascular y respiratorio, así como a los riñones.
 
El calor deja de ser estacional y pasa a ser un riesgo estructural

El experto en PRL de la UOC explica que "las personas que trabajan al aire libre saben que el calor ya no es el mismo: ahora llega antes, dura más y se intensifica hasta alterar los ritmos, desgastar físicamente e, incluso, poner en riesgo la vida. La contaminación atmosférica afecta a conductores, repartidores y profesionales de servicios esenciales. Y, en muchos sectores, la disponibilidad de agua, la calidad del aire o la irregularidad meteorológica condicionan la organización de las tareas de una forma que habría sorprendido a cualquiera no hace tantos años".
En efecto, según la OIT, el calor excesivo contribuye a 22,87 millones de lesiones laborales al año y se asocia a 18.970 muertes laborales anuales. Las altas temperaturas crean una combinación de riesgos que puede afectar a un 70 % de los trabajadores en todo el mundo.

El clima ya no es un apartado más en la prevención de riesgos laborales, sino que altera el marco de referencia en el que se evalúan la exposición, la probabilidad y el daño. Lo que ayer era excepcional hoy empieza a ser frecuente; lo que antes podía resolverse con una instrucción puntual ahora exige rediseñar procesos, tiempos, espacios y cultura organizativa.

En materia de riesgos laborales, los modelos tradicionales que se apoyaban en cierta estabilidad climática deben evolucionar al diseño de medidas, formación, control y corrección que derivan de cambios rápidos, extremos e imprevisibles. Es decir, los riesgos ya no son estacionales, sino estructurales. Esta nueva situación obliga a revisar horarios, pausas, hidratación, accesos a sombra o climatización, criterios de carga física y, sobre todo, la capacidad real de parar una tarea cuando los umbrales de seguridad se superan, sin penalizaciones encubiertas. "En definitiva, trabajamos en un planeta con condiciones cambiantes, y la prevención debe aprender a dialogar con esta nueva realidad", recomienda Baraza.

“El cambio climático (..) es una realidad cotidiana que entra en los centros de trabajo, impacta en la salud de las personas y obliga a repensar qué entendemos por prevención de riesgos laborales”

De la reacción a la anticipación

En paralelo, los fenómenos meteorológicos violentos (inundaciones, tormentas, incendios u olas de calor prolongadas) añaden otra capa: continuidad operativa, evacuación, movilidad y cadenas de suministro. No basta con tener un plan de emergencias genérico; es necesario integrar escenarios climáticos plausibles, ensayar decisiones (parar, reubicar, teletrabajar, limitar desplazamientos) y definir responsabilidades claras. La prevención, en este contexto, debe evolucionar hacia una disciplina de la anticipación.
Estos riesgos crecientes también representan una oportunidad para repensar el modelo económico y laboral. Según el profesor de la UOC, las organizaciones que apuestan por energías renovables, que reducen su huella de carbono o que incorporan principios de economía circular no solo contribuyen a frenar el deterioro ambiental: también tienden a crear entornos más seguros y saludables, y a impulsar innovación y ocupaciones con menor exposición.

En este sentido, la prevención adquiere un papel específico, ya que actúa como puente entre la protección inmediata y la transformación a largo plazo. En términos prácticos, eso implica dejar de "reaccionar" ante riesgos conocidos y empezar a anticipar escenarios: incorporar variables ambientales en la planificación, interpretar datos relevantes y fomentar culturas organizativas que traten la salud como un valor estratégico, no como un coste inevitable.

En esa lógica, la prevención del siglo XXI se mide por su capacidad de integrar tres planos a la vez. El primero, el plano físico: ajustes de tiempos, cargas, espacios, ventilación, protección frente a calor y contaminación. El segundo, el plano organizativo: protocolos de decisión, continuidad operativa, coordinación con proveedores y movilidad. Y el tercero, el plano psicosocial: comunicación clara en episodios extremos, gestión de incertidumbre y prevención de la sobrecarga derivada de trabajar bajo presión en un entorno cambiante.

Baraza remarca también el papel de la formación y del conocimiento aplicado, con el fin de dotar a empresas y profesionales de herramientas con las que navegar por un futuro más incierto. Es, en el fondo, un cambio de mentalidad: si el planeta cambia, el trabajo —y la manera de cuidarlo— tiene que cambiar con él. Si la transición ecológica es justa, planificada y con visión preventiva, puede generar empleo de calidad, impulsar tecnologías limpias y reforzar la salud de las personas y del planeta. "A pesar de la gravedad del diagnóstico, el futuro no está escrito", concluye Baraza.

Fuente: https://www.uoc.edu/es/news/2026/cambio-climatico-jornada-laboral-riesgos-estres-termico-trabajo


miércoles, 18 de febrero de 2026

¿Tiene futuro la inteligencia artificial en prevención de riesgos laborales?

 


Autores/as: Dr. Rubén Tino Ramos / Dr. Antonio Espínola / Dr. Ana Paloma Prieto Muriel / Dr. Raúl Gómez Ferreira / Dr. Alberto Sánchez Hernández (Universidad Isabel I de Castilla – GIR02 / Universidad de Granada)

La inteligencia artificial (IA) ha pasado, en apenas unos años, de ser una promesa tecnológica a convertirse en una herramienta con impacto real en múltiples sectores productivos. Su aplicación en la Prevención de Riesgos Laborales (PRL), tal como se analiza en este trabajo presentado en el V Congreso Internacional Prevencionar (Madrid, 24–26 de septiembre de 2025), abre un debate estratégico sobre su verdadero alcance y sus límites  

El estudio realiza una revisión sistemática de la producción científica entre 2018 y 2025 en bases de datos como Web of Science, Scopus, Dialnet y Google Scholar  . Los resultados muestran una evolución claramente ascendente en el número de publicaciones, especialmente en el ámbito anglosajón, lo que confirma el creciente interés académico y profesional por la integración de IA en seguridad y salud laboral.

Entre las principales líneas de desarrollo identificadas destacan los modelos predictivos mediante Machine Learning (Random Forest, XGBoost, redes neuronales), la visión por computador para reconocimiento de EPIs y detección de conductas inseguras, el uso de wearables para monitorizar fatiga y parámetros ergonómicos, así como el procesamiento automático de informes de incidentes mediante técnicas de procesamiento de lenguaje natural  .

Asimismo, el análisis de casos reales en empresas internacionales evidencia aplicaciones prácticas en monitorización en tiempo real, simulaciones formativas con realidad aumentada, inspección mediante drones y sistemas predictivos de accidentes  . Estas soluciones permiten avanzar hacia modelos preventivos proactivos, alineados con los principios de la acción preventiva.

No obstante, el trabajo también identifica brechas relevantes: desigual capacitación digital en sectores de alta siniestralidad, resistencia cultural, dudas sobre fiabilidad tecnológica y cuestiones éticas derivadas de la cesión masiva de datos personales  . Existe, por tanto, una diferencia clara entre el impacto potencial y el impacto real de la IA en la PRL.

La conclusión es clara: la IA tiene futuro en prevención, pero su consolidación dependerá menos de la tecnología y más de la capacidad organizativa, formativa y ética para integrarla de manera responsable en la cultura preventiva.

Fuente: https://prevencionar.com/2026/02/12/tiene-futuro-la-inteligencia-artificial-en-prevencion-de-riesgos-laborales/

lunes, 16 de febrero de 2026

Alertan que el cambio climático acelera la descomposición de un potente gas de efecto invernadero


 Investigadores de la Universidad de California en Irvine han descubierto que el calentamiento global está haciendo que un gas responsable del deterioro de la capa de ozono y del incremento de las temperaturas se destruya más rápido.

Las concentraciones atmosféricas de óxido nitroso alcanzaron en 2024 las 337 partes por mil millones y su ritmo de aumento es del 3% por década, una tendencia que preocupa a los investigadores de la Universidad de California en Irvine por el impacto que tiene en el clima global (Imagen Ilustrativa Infobae)

El calentamiento global no solo incrementa las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que, según investigadores de la Universidad de California en Irvine, está acelerando la descomposición atmosférica del óxido nitroso (N₂O) en niveles que introducen una incertidumbre comparable a la de los distintos escenarios de emisiones contemplados en modelos internacionales.

Este hallazgo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, modifica sustancialmente la forma en que la comunidad científica proyecta el futuro climático del planeta, ya que resalta una retroalimentación pasada por alto en la dinámica atmosférica y la protección de la capa de ozono.

Actualmente, las concentraciones de N₂O atmosférico han llegado a 337 partes por mil millones en 2024 y aumentan a un ritmo del 3% por década, según información citada por Michael Prather, profesor del Departamento de Ciencias del Sistema Terrestre de la UC Irvine.

De mantenerse esta tendencia, la variación en la vida media del óxido nitroso —que ahora se reduce en un año y medio por década— podría equivaler, en términos de impacto, a pasar de un escenario de altas emisiones a uno moderado, como aquellos referidos por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

La alteración en la duración
La alteración en la duración del óxido nitroso en la atmósfera añade un nivel de complejidad a los estudios climáticos, ya que esta variación es comparable con el rango de incertidumbre que existe entre los distintos escenarios de emisiones manejados por organismos internacionales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Claves del estudio

La investigación utilizó dos décadas de datos de la Sonda de Microondas de la NASA (2004-2024) y reveló que la vida atmosférica del N₂O cae a un ritmo del 1,4% por década, alteración impulsada por cambios en la circulación y las temperaturas estratosféricas generadas por el propio cambio climático. Este ritmo de caída en la persistencia del gas es comparable con el rango de variación entre los escenarios de emisiones manejados por el IPCC, lo que añade un nivel de complejidad no incorporado hasta la fecha en la mayoría de los estudios climáticos.

Según los expertos de la UC Irvine, este fenómeno tiene afectaciones directas sobre las proyecciones y políticas públicas relacionadas, tanto para la mitigación del cambio climático como para la preservación del ozono estratosférico. El óxido nitroso es el tercer gas de efecto invernadero de larga duración más relevante, solo por detrás del dióxido de carbono y el metano, y permanece como la principal sustancia que agota la capa de ozono producida de manera antropogénica, según Prather al explicar la importancia de estos resultados.

El modelo tradicional para proyectar la abundancia atmosférica de N₂O se centraba, en gran medida, en las emisiones provenientes de la agricultura, la industria y las fuentes naturales. Esta nueva investigación obliga a contemplar un factor adicional: la forma en que el cambio climático altera el principal sumidero de óxido nitroso, localizado en la estratosfera, parte de la atmósfera situada entre 10 y 50 kilómetros sobre la superficie terrestre.

Cerca del 90% del óxido
Cerca del 90% del óxido nitroso se destruye en la estratosfera por acción de la radiación solar entre los 25 y 40 kilómetros de altitud, mientras que el 10% restante desaparece mediante reacciones con átomos de oxígeno excitados, procesos que inciden directamente en el balance atmosférico (Imagen Ilustrativa Infobae)


Dentro de la estratosfera, el 90% de la destrucción del N₂O ocurre mediante descomposición fotolítica por radiación solar, entre los 25 y 40 kilómetros de altitud. El 10% restante del gas se elimina por reacción con átomos de oxígeno excitados.

Durante este proceso, parte del N₂O se convierte en óxidos de nitrógeno, que actúan como catalizadores en la destrucción del ozono estratosférico. Esto posiciona al óxido nitroso como la sustancia con mayor impacto en la degradación de dicha capa desde que se eliminaron progresivamente los clorofluorocarbonos en virtud del Protocolo de Montreal, tras la investigación pionera de F. Sherwood Rowland y Mario Molina en la propia UC Irvine.

Según el artículo, el acortamiento de la vida útil del N₂O se explica por el efecto simultáneo de varios factores. Por un lado, el dióxido de carbono incrementa las temperaturas cerca de la superficie, pero enfría la estratosfera.

Este enfriamiento, junto con cambios en la circulación atmosférica, acelera el transporte del N₂O hacia las áreas donde se destruye más eficientemente, como señaló Calum Wilson, investigador de posgrado en la UC Irvine. De esta forma, el proceso químico que elimina el gas se ve intensificado indirectamente por la influencia del cambio climático en la dinámica y la temperatura de las capas altas de la atmósfera.

El enfriamiento de la estratosfera
El enfriamiento de la estratosfera y los cambios en la circulación atmosférica, impulsados por el dióxido de carbono, intensifican el transporte de óxido nitroso hacia zonas donde se destruye de manera más eficiente, según los investigadores de la Universidad de California en Irvine (Imagen ilustrativa Infobae)

El efecto de esta retroalimentación ha sido subestimado hasta ahora. Prather subrayó: “El cambio en el ciclo de vida del óxido nitroso atmosférico es una pieza crucial del rompecabezas que se ha pasado por alto en gran medida”. De acuerdo al estudio, la reducción en la vida media del N₂O —hoy establecida en 117 años— impacta las proyecciones climáticas hasta el año 2100 en un grado similar al de los propios escenarios socioeconómicos integrados por el IPCC.

La investigación detalla que si la tendencia actual continúa, los modelos climáticos verán modificados sus escenarios de concentración de N₂O sin necesidad de alteración alguna en las emisiones actuales. Continuar en este camino recortaría las proyecciones de óxido nitroso atmosférico a niveles equiparables a los de un escenario de emisiones medias, es decir, una mejora sustancial respecto a los escenarios pesimistas, según el equipo de la UC Irvine.

Estos descubrimientos inciden en áreas centrales de la política científica: los cálculos del potencial de calentamiento global del N₂O, la efectividad de las medidas internacionales adoptadas en el marco del Acuerdo de París, y el diseño de las estrategias para reducir las emisiones provenientes del sector agrícola e industrial.

El N₂O, que se acumula en la atmósfera tanto por fuentes naturales (el suelo y las aguas oceánicas) como por actividades humanas (especialmente el uso de fertilizantes en la agricultura, la quema de combustibles fósiles y procesos industriales), es arrastrado por las corrientes atmosféricas hacia la estratosfera tropical, donde la radiación ultravioleta y las reacciones químicas se encargan de su destrucción. Al descomponerse, genera óxidos de nitrógeno, acelerando la pérdida de ozono, lo que amplía su impacto ambiental más allá del cambio climático.

El tiempo de permanencia del
El tiempo de permanencia del óxido nitroso en la atmósfera, actualmente fijado en 117 años, influye de manera decisiva en las proyecciones climáticas hasta el año 2100, alcanzando niveles de impacto similares a los de los escenarios socioeconómicos globales (Imagen Ilustrativa Infobae)

A pesar de la claridad de la señal observacional, los autores recalcan la necesidad de más experimentos y simulaciones con modelos climáticos y químicos avanzados para cuantificar con precisión todos los mecanismos involucrados en esta cadena. Destacan también la importancia de analizar variantes regionales de circulación estratosférica y las interacciones con otros cambios en la composición atmosférica para perfeccionar estas proyecciones bajo diversos escenarios climáticos.

Prather advirtió que la magnitud de la incertidumbre asociada a la química y dinámica estratosféricas “presenta incertidumbres en la proyección de N₂O tan grandes como las incertidumbres en los diferentes escenarios de emisiones”. De hecho, recalcó la necesidad de que estos efectos se incorporen de manera sistemática a los modelos utilizados para las evaluaciones climáticas internacionales, ya que la omisión de este proceso podría subestimar o sobrevalorar los riesgos futuros relacionados con el calentamiento global y la degradación de la capa de ozono.

Fuente:  https://www.infobae.com/america/medio-ambiente/2026/02/04/alertan-que-el-cambio-climatico-acelera-la-descomposicion-de-un-potente-gas-de-efecto-invernadero/


sábado, 14 de febrero de 2026

Los accidentes laborales dejan 735 muertos en 2025, un 7,7% menos en España

 Las muertes en jornada bajan en 62 casos y los fallecimientos “in itinere” aumentan en uno.


Los accidentes laborales dejaron 735 fallecidos en 2025, lo que supone 61 muertes menos que en 2024 y un descenso del 7,7%. Los datos provisionales de siniestralidad laboral difundidos por el Ministerio de Trabajo reflejan una caída de los fallecimientos en jornada, aunque aumentan ligeramente los registrados en desplazamientos.

El balance anual muestra una reducción global de la mortalidad laboral respecto al ejercicio anterior, con diferencias entre los siniestros ocurridos durante la jornada y los producidos en trayectos al centro de trabajo.

De los 735 fallecidos en accidentes laborales en 2025, un total de 584 muertes se produjeron durante la jornada laboral, lo que supone 62 fallecidos menos que en 2024.

Por su parte, los accidentes mortales registrados “in itinere”, es decir, en los desplazamientos al lugar de trabajo o de regreso al domicilio, ascendieron a 151 fallecidos en 2025, lo que implica un caso más que en 2024.

Tipo de accidente laboralFallecidos 2025Variación respecto a 2024
En jornada laboral584-62 fallecidos
“In itinere”151+1 fallecido

La principal causa de muerte en accidentes laborales en 2025 fueron los infartos, derrames cerebrales y otras causas estrictamente naturales, que provocaron 251 fallecidos en 2025, lo que supone 15 muertes menos que en 2024.

Este tipo de patologías se mantiene como el origen más frecuente de los fallecimientos registrados en el entorno laboral, por delante de otros tipos de siniestros.

Causa principal de fallecimientoFallecidos 2025Variación respecto a 2024
Infartos, derrames y causas naturales251-15 fallecidos
Con los 735 fallecidos en 2025, la siniestralidad laboral registra su segundo descenso anual consecutivo en términos de mortalidad, según los datos avanzados por Trabajo.
Esta estadisticas son reportada en España
Fuente;  https://www.elboletin.com/los-accidentes-laborales-dejan-735-muertos-en-2025-un-77-menos/