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lunes, 4 de mayo de 2026

Los nuevos riesgos de un mundo laboral cambiante

 


La evolución del mercado laboral ha incorporado nuevos riesgos asociados a fenómenos como la digitalización, la inteligencia artificial, el envejecimiento de la población trabajadora, el cambio climático o las desigualdades de género. Por ello, en estas fechas se celebra el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo como el propio Día de Los trabajadores y Trabajadoras, fechas que invitan a reflexionar sobre la necesidad de garantizar entornos laborales seguros y saludables. Durante décadas, la prevención de riesgos laborales ha estado asociada principalmente a los accidentes más visibles, como caídas, golpes, exposición a productos peligrosos o lesiones físicas derivadas del esfuerzo. No obstante, la realidad actual del empleo ha ampliado de forma notable ese enfoque tradicional.

La base normativa española en esta materia sigue siendo la Ley de Prevención de Riesgos Laborales de 1995. Margarita Ramos, catedrática en el departamento de Derecho Público y Privado Especial y Derecho de la Empresa en la Universidad de La Laguna, señala que esta norma “recogió una perspectiva preventiva frente a los riesgos en el trabajo, que fue una novedad muy importante”. Hasta ese momento, se asumía que determinados daños eran prácticamente inevitables y que la respuesta debía llegar una vez producido el accidente o la enfermedad.  Ese cambio de paradigma trasladó la idea de que el riesgo debe anticiparse, evaluarse y evitarse. Es decir, que la empresa no solo responde cuando ocurre el daño, sino que tiene la obligación de organizar el trabajo para impedirlo.

Sin embargo, más de treinta años después, el mercado laboral es distinto. Ramos recuerda que actualmente existe un anteproyecto orientado a reformar el marco normativo, todavía en fase de tramitación parlamentaria. “A medida que cambia el sistema productivo, porque hay innovaciones tecnológicas y técnicas, también se modifica la forma de trabajar y los riesgos”, declara.

Sandra Fumero.

Una ley nacida en otro tiempo

Sandra Fumero, profesora del departamento de Derecho Público y Privado Especial y Derecho de la Empresa, coincide en que la posible reforma “no solo sería conveniente, sino necesaria”. Considera que la seguridad y la salud laboral “constituyen uno de los grandes retos sociolaborales de España y Europa”, precisamente porque el empleo vive una transición profunda. “Nadie cuestiona que el mundo del trabajo se encuentra en un proceso de transformación en el que coexisten riesgos y realidades emergentes”, señala.

Una de las principales limitaciones de la normativa histórica es la escasa atención a los riesgos psicosociales. La ansiedad, el estrés, el acoso laboral, la presión continuada o el agotamiento emocional apenas figuran en la agenda preventiva de hace décadas. “La Ley de Prevención de Riesgos Laborales de 1995 no menciona los riesgos psicosociales, ni para evaluarlos ni para adoptar medidas de planificación”, recuerda Ramos. Durante mucho tiempo, la salud mental se entendió como una cuestión individual o privada, no como una posible consecuencia de la organización del trabajo.

En la actualidad, la catedrática afirma que las evidencias científicas muestran otra realidad: “Los estudios empíricos han puesto de manifiesto que muchos de los trastornos de carácter psíquico se adquieren por consecuencia del trabajo”. Para Estefanía Hernández Fernaud, profesora en el departamento de Psicología Cognitiva, Social y Organizacional, la relación entre empleo y bienestar es evidente: “Pasamos trabajando una parte importante de nuestra vida, está claro que es un contexto que va a afectar también a la salud física y mental”.

El derecho a desconectar

Uno de los ejemplos más claros de la transformación del trabajo con la llegada de la era digital es la dificultad cada vez mayor para delimitar con nitidez el tiempo laboral del personal. La frontera entre ambos se ha ido difuminando con la normalización de correos electrónicos, mensajes o llamadas telefónicas fuera del horario laboral, que prolongan la jornada de una forma casi imperceptible.

“Habitualmente recibimos indicaciones del trabajo fuera del horario laboral”, advierte Margarita Ramos. Aunque el ordenamiento jurídico reconoce el derecho a la desconexión digital, la investigadora señala que su aplicación real sigue siendo limitada y, en muchos casos, depende de la negociación de los convenios colectivos, donde con frecuencia este derecho se recoge de manera genérica, sin un desarrollo efectivo que garantice su cumplimiento. “Fuera de los tiempos de trabajo, lo que corresponde es el descanso, el no trabajo productivo”, subraya Ramos.

Por su parte, Hernández Fernaud explica que el descanso no puede entenderse únicamente como una pausa formal, sino como un proceso esencial de recuperación física y mental. “Si hay un descanso tendemos a recuperarnos de la fatiga, pero si nunca desconectamos no se produce ese efecto de recuperación”. Cuando esa desconexión no se produce de forma adecuada y sostenida en el tiempo, el organismo deja de recuperarse, lo que “puede derivar en la cronificación de la fatiga y en problemas más graves como el estrés sostenido o el síndrome de burnout, es decir, quemarse por el trabajo”.

Sobrecarga laboral y errores humanos

Por otro lado, la creciente intensificación del trabajo está teniendo un impacto directo tanto en el rendimiento como en la seguridad laboral. Según señala Estefanía Hernández Fernaud, en

Estefanía Hernández.

multitud de sectores laborales “casi todo el mundo expresa lo sobrecargados que están”, una percepción que se ha vuelto cada vez más habitual en el día a día de las organizaciones.

No se trata únicamente de la cantidad de tareas, sino de la forma en la que estas se organizan: plazos cada vez más ajustados, múltiples labores simultáneas y una elevada exigencia que obliga a mantener niveles de atención muy altos de manera sostenida. “Cuanta más carga de demanda a nivel cognitivo tenemos, menos atención podemos prestar a las tareas”, explica la investigadora. Esta reducción de la atención, añade, incrementa de forma directa la probabilidad de cometer errores, despistes e incluso de que se produzcan accidentes laborales.

Ante este escenario, Hernández Fernaud subraya la necesidad de avanzar hacia modelos de liderazgo más humanos y centrados en las personas, capaces de gestionar mejor las cargas de trabajo y de tener en cuenta los ritmos reales de los equipos. Este tipo de enfoques, apunta, no solo repercuten positivamente en el bienestar de las personas trabajadoras, sino que también contribuyen a mejorar la eficacia y el rendimiento global de las organizaciones.

La llegada de la inteligencia artificial

La creciente implantación de sistemas automatizados y herramientas basadas en inteligencia artificial está transformando de manera profunda la organización del trabajo, creando oportunidades significativas, pero también planteando nuevas incertidumbres. En este sentido, Sandra Fumero subraya que “la inteligencia artificial ha venido para quedarse”, destacando su utilidad para asumir tareas repetitivas, peligrosas o poco saludables que hasta ahora recaían directamente en las personas.

No obstante, advierte de que esta evolución tecnológica no está exenta de riesgos cuando su diseño o aplicación no es el adecuado. En esos casos, los algoritmos pueden llegar a imponer dinámicas de trabajo excesivamente exigentes o sistemas de supervisión muy intrusivos. “La jefatura la asume el algoritmo sin tener en cuenta determinadas características personales de los trabajadores”, señala la investigadora, poniendo el foco en la pérdida de flexibilidad y de consideración hacia las circunstancias individuales.

A ellos se suma otra consecuencia relevante, como es la reducción del contacto humano en los entornos laborales. La automatización, al sustituir o mediar muchas interacciones, puede favorecer el aislamiento entre compañeros y debilitar las redes de apoyo social dentro de las organizaciones, lo que contribuye a intensificar algunos de los factores de riesgos psicosociales ya presentes en el trabajo contemporáneo.

Otro factor que afecta directamente a la calidad del empleo y a las condiciones en las que se desarrolla el trabajo es el cambio climático. Según explica Fumero, son numerosos los sectores y actividades expuestos a las consecuencias de este fenómeno, ya que el incremento de las temperaturas, la contaminación atmosférica, los incendios o las inundaciones “aumentan el riesgo de sufrir enfermedades y accidentes de trabajo”.

Entre los perjuicios más graves, la investigadora señala desde patologías como el cáncer hasta enfermedades crónicas derivadas de la exposición prolongada a condiciones ambientales adversas. En este sentido, destaca que profesiones como “la agricultura, la construcción, la silvicultura o los servicios de emergencias soportan en mayor medida los riesgos relacionados con el cambio climático”, al desarrollarse habitualmente en entornos exteriores o especialmente vulnerables.

Por esto, aplaude que se hayan producido avances normativos que incorporan orientaciones, directrices y buenas prácticas frente al calor, como es el caso de la planificación de calendarios de trabajo, sistemas de alerta térmica o la utilización de equipos de protección individual específicos.

Envejecimiento de la población trabajadora

Uno de los desafíos a los que se enfrenta la Unión Europea en el ámbito laboral es el envejecimiento de la población trabajadora. Según Margarita Ramos, “todos los países tienen una clara tendencia a tener población en edad de trabajar bastante envejecida”, lo que obliga a replantear las políticas laborales, así como los sistemas de formación y recualificación profesional.

En este contexto, las tres investigadoras coinciden en que no es suficiente con alargar la vida laboral, sino que resulta imprescindible adaptar los puntos de trabajo, invertir en formación continua y reconocer el valor de la experiencia acumulada. En esta línea, Estefanía Hernández Fernaud cuestiona la idea de que el rendimiento está ligado exclusivamente a la juventud: “Las personas de más de 50 años tiene un bagaje intangible, toda una experiencia, que la inteligencia artificial no puede suplir”.

Por su parte, Sandra Fumero destaca que las personas trabajadoras de mayor edad pueden presentar una mayor vulnerabilidad frente a determinados riesgos laborales, lo que hace necesario un enfoque preventivo más específico. En su opinión, las empresas deben reparar en la edad, el sexo o el propio diseño del puesto de trabajo para “garantizar de manera específica una protección eficaz frente a los riesgos del trabajo”.

Los especialistas también ponen el foco en que la evolución demográfica en Europa está estrechamente vinculada a la creciente necesidad de incorporar población trabajadora migrante al mercado laboral. En este contexto, Margarita Ramos recuerda que “La ley establece el principio inconfundible de que las personas migrantes tienen igualdad de derechos en las relaciones de trabajo una vez que son contratados”. No obstante, la investigadora advierte de la persistencia de situaciones de irregularidad laboral que afectan especialmente a este colectivo. “Hay empresas que continúan viendo en el trabajo informal irregular una oportunidad de ganancia”, explica, poniendo el foco en las dinámicas económicas que pueden perpetuar la precariedad laboral.

Desde una perspectiva estructural, Ramos subraya la importancia de la población migrante para el sostenimiento de numerosos sectores productivos. “Necesitamos población inmigrante para actividades económicas que habitualmente no son demandadas por la población española o europea”, afirma. En esta línea, recuerda que los cambios demográficos actuales hacen difícil cubrir determinados puestos únicamente con mano de obra local: “Si queremos mantener estos niveles de desarrollo económico, el envejecimiento de la población y la falta de reemplazo en igual medida arrojan como resultado la necesidad de tener población trabajadora que venga de fuera”.

Margarita Ramos.

Prevención con perspectiva de género

“Abordar la seguridad y la salud laboral sin un enfoque de género supondría infravalorar o, incluso, ignorar riesgos laborales en determinados profesionales, lo que propicia que se produzcan más accidentes de trabajo”, advierte Sandra Fumero. Analizar los riesgos laborales desde un enfoque aparentemente neutro ha supuesto, durante décadas, tomar como referencia el modelo tradicional de trabajador varón, dejando en segundo plano muchas realidades que afectan de forma específica a las mujeres y a otros colectivos. Además, la investigadora recuerda que las estadísticas muestran diferencias significativas entre hombres y mujeres: “Los hombres se accidentan más que las mujeres, pero en el caso de las enfermedades profesionales, el porcentaje es mayor en las mujeres”.

La investigadora también alerta de la escasa implantación de herramientas preventivas específicas en las organizaciones. “Pocas empresas elaboran mapas de riesgos con perspectiva de género”, señala. A su juicio, esta carencia tiene consecuencias importantes, ya que “esta falta de información diferenciada sobre cómo los factores de riesgo afectan a hombres y a mujeres pone en peligro la salud de todos porque se invisibilizan”.

Margarita Ramos recuerda que, aunque existen avances normativos, todavía hay aspectos clave de la salud laboral femenina que no están plenamente cubiertos. “Tenemos una directiva europea que protege la seguridad y salud de las trabajadoras durante el embarazo, parto y posparto”, señala. Sin embargo, advierte de que persisten riesgos poco visibilizados, como los asociados a la menstruación dolorosa, cuya regulación “no está suficientemente implantada y desarrollada” y que, además, muchas mujeres no solicitan “por temor a ser significadas en el trabajo”. La catedrática también subraya el sesgo histórico en la investigación y la normativa laboral. “Cuando se hacen análisis médicos se hacen sobre la base del patrón de las condiciones biológicas de los varones”, explica. A ello se suma la persistencia del techo de cristal: “El acceso de las mujeres a puestos decisorios está resultando muy difícil y a veces se han detectado hasta retrocesos”.

Salud laboral y el absentismo

En el ámbito de las bajas laborales, Estefanía Hernández Fernaud pone el foco en el estigma que todavía rodea a determinados problemas de salud mental. “He escuchado a médicos decir que no ponen que tienes una baja por ansiedad porque eso genera muy mala imagen en el ámbito laboral”, señala, reflejando cómo ciertos diagnósticos pueden seguir generando prejuicios en el entorno de trabajo. No obstante, la investigadora apunta también a una mejora reciente en este ámbito, ya que el sistema actual ha introducido cambios que protegen en mayor medida la intimidad de las personas trabajadoras. “Esto se ha corregido un poco porque ahora cuando se envía una baja laboral, la organización no sabe el diagnóstico, por lo que se quita presión”, explica.

Por su parte, Margarita Ramos insiste en la importancia de diferenciar con precisión conceptos que con frecuencia se confunden en el debate público. Tal y como recuerda, “la OIT, la Organización Internacional del Trabajo, distingue entre el absentismo por salud y el absentismo que no, es decir, la persona que no va a trabajar cuando se esperaba que fuera”. Desde esta perspectiva, subraya que las bajas médicas no se deberían aglutinar dentro del absentismo en sentido estricto, sino como una cuestión de salud laboral.

Ante esta situación, considera imprescindible ir más allá de las cifras y analizar los motivos reales que hay detrás de las ausencias laborales: “Si se quiere combatir ese absentismo por causas no justificadas, también habría que ver qué está pasando, cuáles son los motivos que están provocando que una persona deje de asistir a su puesto de trabajo en un momento determinado”.

Hernández Fernaud recuerda que el trabajo no es únicamente una fuente de exigencia o desgaste, sino también un espacio potencial de bienestar y realización personal. “El trabajo te da la opción de sentirte bien, porque te sientes útil para otras personas, pero esto tiene que ver mucho con cómo están diseñados los puestos”, señala, poniendo el foco en la importancia del diseño de las tareas y de las condiciones laborales.

Sin embargo, la investigadora advierte de que este potencial positivo no siempre se materializa. “Si nosotros estamos en un puesto de trabajo que no genera ninguna satisfacción, más allá de la económica, esto tiene una repercusión en nuestro bienestar”, explica, subrayando que esta falta de sentido o reconocimiento en el empleo puede traducirse a la larga en un deterioro del equilibrio emocional y psicológico. En este sentido, Hernández Fernaud plantea la necesidad de equilibrar productividad y bienestar. “El trabajo aporta aspectos positivos a los trabajadores, pero no puede ser a costa de su salud”.

NOTA: Este reportaje es una iniciativa enmarcada en el Calendario de Conmemoraciones InvestigaULL, proyecto de divulgación científica promovido por la Universidad de La Laguna.


Fuente:  https://www.ull.es/portal/noticias/2026/los-nuevos-riesgos-de-un-mundo-laboral-cambiante/

martes, 14 de abril de 2026

Salud común o laboral: por qué entender la diferencia es clave para la atención oportuna de los trabajadores

 En el marco del Día Mundial de la Salud, Mutual de Seguridad destacó la necesidad de Identificar correctamente el origen de un problema de salud permitiendo acceder a la cobertura adecuada y activar oportunamente los mecanismos de atención y rehabilitación del sistema de seguridad social


Santiago, abril de 2026  Aunque la salud común forma parte de la experiencia cotidiana, la salud laboral sigue siendo un sistema menos visible para muchas personas. Esta falta de familiaridad puede generar confusiones al enfrentar un problema de salud, afectando directamente la oportunidad y pertinencia de la atención.

Desde Mutual de Seguridad advierten que esta distinción, aunque pueda parecer técnica, tiene efectos concretos en la cobertura, los tiempos de respuesta y la calidad de las prestaciones. “Cuando no se entiende esta diferencia, muchas veces la atención no es la adecuada o no llega a tiempo, lo que termina afectando directamente la recuperación de las personas”, señalan.

¿Cuáles son sus principales diferencias?

  • El sistema de salud laboral está consagrado a través de la Ley 16.744 y es administrado por instituciones privadas sin fines de lucro como las mutualidades, entre ellas, Mutual de Seguridad, a través del seguro social de accidentes del trabajo y enfermedades profesionales.
  • El costo de este seguro está regulado por ley y es financiado 100% por el empleador, sin costo para el trabajador. Además de ser universal para todos los trabajadores con contrato formal, sin distinción de profesión, sueldo o nivel socioeconómico y ojo, también tienen cobertura los trabajadores independientes que cotizan de forma obligatoria o aquellos que lo hagan de manera voluntaria a través de boletas de honorarios.
  • La salud laboral está asociada a accidentes del trabajo, de trayecto y enfermedades profesionales, es decir, aquellas condiciones originadas en la actividad laboral o en el desplazamiento hacia ella. En cambio, la salud común abarca enfermedades o situaciones no relacionadas con el trabajo, como infecciones, patologías crónicas o condiciones de origen personal.
  • Una diferencia relevante entre ambos sistemas radica en las prestaciones. En salud laboral, los trabajadores acceden a atención médica integral, sin copagos, orientada a su recuperación y reinserción laboral.
  • Otra diferencia dice relación con el pago de licencias médicas: en la salud laboral las mutualidades pagan las licencias desde el primer día de reposo, independientemente de los días otorgados (las licencias no tienen carencia de 3 días).
En caso de duda sobre el origen de una lesión o enfermedad, Mutual de Seguridad recomienda consultar de forma inmediata y no postergar la evaluación. A su vez, si desconoces a que mutualidad perteneces puedes revisarlo en el siguiente


Fuente:  link: https://www.asociaciondemutuales.cl/suseso/mutualsearch.html

domingo, 5 de abril de 2026

¿Tu oficina te enferma? síndrome del edificio enfermo y su prevención integral

 Trabajamos muchas horas en oficinas, encerrados entre paredes, aire reciclado, fluorescentes y materiales sintéticos.

Pero esos espacios, que deberían facilitar nuestra productividad, en ocasiones se convierten en focos de malestar: dolores de cabeza, fatiga, irritación de ojos, nariz o garganta, falta de concentración… síntomas que desaparecen al salir del edificio y reaparecen al regresar. Este fenómeno —conocido como Síndrome del Edificio Enfermo (SEE, por sus siglas en español) o Sick Building Syndrome (SBS)— no es una moda pasajera: múltiples estudios recientes confirman su prevalencia, sus causas ambientales y su impacto sobre la salud física, cognitiva y emocional de los trabajadores.

El SEE plantea una pregunta crítica: ¿cómo puede una oficina, diseñada para trabajar, terminar enfermandonos? Y más importante aún: ¿qué estrategias, desde una perspectiva integral —ergonomía, salud laboral, medio ambiente, organización del trabajo— pueden prevenirlo?

Los edificios etiquetados como “enfermos” suelen tener en común varios factores: ventilación inadecuada, recirculación de aire sin renovación, materiales emisores de compuestos químicos volátiles (mobiliario, pinturas, barnices, productos de limpieza…), ausencia de luz natural o iluminación deficiente, climatización mal diseñada, humedad o sequedad extremas, exceso de superficies sintéticas, y en ocasiones diseño arquitectónico poco saludable.

En espacios de oficina, esas deficiencias pueden ser silenciosas: el aire “se ve limpio”, pero contiene gases, partículas, alérgenos o compuestos orgánicos volátiles; el ambiente digitalizado y recirculado acentúa la fatiga visual, el estrés térmico o la humedad inapropiada; y el mobiliario o moquetas pueden acumular polvo o liberar sustancias químicas.

El SEE no es trivial: en un estudio reciente de calidad del aire interior (IAQ, por sus siglas en inglés) aplicado a oficinas administrativas, se detectó una asociación clara entre deficiencias en ventilación, altos niveles de compuestos orgánicos volátiles (COV), factores ergonómicos y psicosociales, y síntomas compatibles con SEE.  Otro análisis de 2025 confirmó lo que ya se sabía: mala calidad del aire interior sigue correlacionando con síntomas respiratorios, fatiga, irritación, y caída en el rendimiento, tanto en oficinas como en entornos educativos.

Disponemos de suficiente evidencia para afirmar con solvencia que una oficina inapropiada puede perjudicar seriamente tu salud física y cognitiva. Pero este riesgo puede afrontarse con un enfoque amplio: no basta con cambiar un filtro o encender una ventana. Es necesario abordar:

  • la calidad del aire interior: supervisión de CO₂, partículas, COV, humedad, ventilación;
  • la iluminación y ambiente visual: favorecer luz natural, eliminar destellos, ajustar intensidad;
  • la ergonomía física: mobiliario adecuado, pausas activas, ambiente térmico confortable;
  • los factores psicosociales y organizativos: turnos, carga de trabajo, confort subjetivo y control ambiental;
  • la gestión y mantenimiento permanente del edificio: ventilación, climatización, limpieza, renovación de materiales cuando sea necesario.

¿Por qué un enfoque integral? Porque investigaciones recientes muestran que el SEE no depende de un solo factor. En estudios con modelos predictivos, variables como la calidad del aire, la contaminación microbiana, los COV, y también factores ergonómicos y psicológicos (satisfacción laboral, estrés, diseño del puesto, carga de trabajo) influyen en la aparición de síntomas.  Además, sensores de calidad ambiental ubicados cerca del espacio de respiración del trabajador permiten identificar con mayor precisión las condiciones reales de exposición.

Esto exige de las organizaciones —empresas, instituciones, responsables de prevención de riesgos— una estrategia activa: evaluación regular de la calidad del aire, monitorización con parámetros objetivos (CO₂, humedad, partículas, ventilación, iluminación), auditorías ambientales, planes de mantenimiento, adaptaciones ergonómicas, pausas, formación y un enfoque sensible a la salud física y mental.

Desde una perspectiva de sostenibilidad, salud ocupacional e inclusión, promover oficinas saludables es una prioridad. Edificios diseñados o adaptados para promover bienestar ambiental favorecen no solo la salud física, sino también la cognitiva —mejor concentración, menor fatiga, mayor rendimiento—. También refuerzan la resiliencia ante situaciones de riesgo, como pandemias o contaminación ambiental exterior.

Hay nuevas líneas de investigación innovadoras: por ejemplo, recientes estudios plantean integrar tecnologías de desinfección del aire (como irradiación UV‑C en sistemas de climatización) junto con estrategias de ventilación optimizadas, para reducir riesgos de enfermedades transmisibles sin sacrificar eficiencia energética —un paso hacia oficinas saludables en contextos de transición energética.

Por supuesto, no todos los edificios ni oficinas requieren la misma estrategia: cada espacio debe evaluarse, medir sus parámetros ambientales y adaptar las soluciones a sus características, ocupación y uso.

La prevención integral del SEE ya no es una opción: es una responsabilidad ética, sanitaria y productiva.

 Para fomentar la reflexión, dejo cinco preguntas que invitan al debate:

  1. ¿Hasta qué punto consideramos la calidad del aire interior y el confort ambiental como parte esencial de la prevención de riesgos laborales en oficinas?
  2. ¿Puede una estrategia integral de salud ambiental y organizativa mejorar significativamente la productividad y reducir el absentismo, y debería eso ser prioridad para las empresas?
  3. ¿Qué peso deberían tener los factores psicosociales y ergonómicos, junto con los ambientales, en los programas de prevención de riesgos en oficinas?
  4. ¿Cómo equilibrar la necesidad de ventilación natural o recambio de aire con la eficiencia energética y objetivos de sostenibilidad en edificios modernos?
  5. ¿Debería existir normativa obligatoria sobre calidad del aire interior, iluminación y ergonomía en oficinas, similar a las normativas de seguridad física?

Fuente:  https://www.prevencionintegral.com/actualidad/noticias/2026/03/26/tu-oficina-te-enferma-sindrome-edificio-enfermo-su-prevencion-integral

miércoles, 1 de abril de 2026

La paradoja del bienestar: Trabajadores piden más salud mental y empleadores más productividad

Un 76% de los colaboradores indica que la salud mental es prioritaria en el trabajo frente al 49% de los reclutadores, según datos de OCC; cerrar esa brecha empieza por reconocer el bienestar mental como un elemento de productividad 

Para los trabajadores, la salud mental es uno de los elementos más importantes en el mundo del trabajo, pero no tiene el mismo grado de relevancia para las empresas

La salud mental en el trabajo plantea una paradoja entre lo que los colaboradores quieren y esperan frente a lo que los empleadores y áreas de Recursos Humanos consideran relevante.

Mientras que dos tercios de los trabajadores opinan que la salud mental tiene una alta prioridad estratégica en el mundo laboral, poco menos de la mitad de los reclutadores de Recursos Humanos la considera en ese nivel de importancia.

La brecha entre las expectativas de unos y otros es amplia: 76% de trabajadores encuestados por OCC considera muy importante la salud mental como una estrategia de RH para este 2026, frente al 48% de los reclutadores que le dan ese mismo nivel de prioridad, de acuerdo con el estudio Tendencias de Recursos Humanos 2026.

No es tan fácil implementar estas prácticas (de bienestar para la salud mental). Considero que por ahí puede estar la brecha (...) no es que no se les esté dando la prioridad, sino que no al mismo nivel como los colaboradores lo necesitan”, de acuerdo con Karen Villanueva, gerente de inteligencia de negocio y mercado de OCC.


Por qué la salud mental es un asunto de Recursos Humanos


Esa diferencia respecto la prioridad de la salud mental para los empleadores y reclutadores tiene distintas aristas: desde que sea considerada un gasto, no saber cómo y qué estrategias llevar a cabo o tener un objetivo enfocado sólo en la productividad y beneficio económico, advierten especialistas.

“(Las empresas) responden a fines distintos. Los centros de trabajo son unidades productoras que están insertadas en un modelo económico que aprecia la acumulación del capital. Eso no tiene nada que ver con la salud mental. Todos los centros de trabajo persiguen un número. Así está organizado nuestro mundo, los centros de trabajo no persiguen la salud”, explica Jorge Mérida, vicepresidente de Salud Mental en el Trabajo del Colegio Nacional de Psicología Clínica para el Trabajo (Conapsit).

Sin embargo, la salud mental y la productividad sí están relacionadas, de ahí que aquellas empresas que le den prioridad tanto con una cultura libre de prácticas de riesgo que afectan al trabajador y atención tendrán trabajadores más enfocados en sus tareas, en mejores condiciones cognitivas y un bienestar general.

“Mientras no se den cuenta de la relación entre productividad y bienestar emocional o mental, entonces se va a dar prioridad por parte del empleador a la productividad, mientras que la persona sí le va a dar mayor importancia a su salud”, advierte Marco Antonio Bautista Santiago, psicólogo e investigador y docente en la Universidad Iberoamericana.

Además, en empresas que sólo priorizan los resultados numéricos y la productividad las prácticas para prevenir y atender transtornos mentales derivados del trabajo puede ser vista como un gasto y parte de la cultura que normaliza el estrés crónico como algo “natural” en el mundo laboral, de acuerdo con Joel Cuéllar López, psicólogo organizacional.

“Hay una cultura laboral, que se puede resumir en la frase de ‘si no te quieres estresar entonces no trabajes, no hay una diferenciación entre un estrés saludable -que nos permite completar tareas- y un estrés crónico para el que nuestro cuerpo no está diseñado”, detalla Cuellar..


Trabajadores dan un alta prioridad a la salud mental en el trabajo


Por su parte, la importancia que otorgan los trabajadores a la salud mental es porque entre un 15% y 20% de la población trabajadora, de acuerdo con Conapsit, tuvo algún transtorno mental en los últimos doce meses.

“La gente sí se da cuenta porque lo vive: jornadas bajo presión excesiva, estrés elevado, cumplir con cuotas productivas”, expone Bautista Santiago.

Además, esta importancia a la salud mental tiene un factor generacional, pues las poblaciones menores de 30 años conciben el empleo como parte de su vida, no como su objetivo primordial, por lo que también buscan flexibilidad, autocuidado, y una cultura laboral que no sólo tenga prácticas y beneficios para atender la salud mental sino que no generen riesgos que mermen la calidad de vida del empleado.

“(Los colaboradores) están viendo, sobre todo trabajadores 30 años o menos, que no sólo la remuneración económica es importante, sino que hay un montón de cosas alrededor del trabajo que sirven como el ambiente del trabajo”, explica Cuellar. Entre ellas menciona pasar menos tiempo en los traslados, convivir más y mejor con familia y amigos, que se respeten los horarios tanto de entrada como de salida.

El 39% del talento de entre 26 a 30 años de edad y el 37% de la población trabajadora de entre 31 a 40 años considera la flexibilidad laboral como una clave para el bienestar, por encima de las generaciones mayores, de acuerdo con datos de OCC.


“No solamente quiero una empresa que me dé, quizás, acceso a servicios de salud mental si los necesito, sino también que una empresa que no genere esos elementos riesgosos: inestabilidad en el empleo, escaso reconocimiento, inadecuada supervisión o retroalimentación, sobrecarga de trabajo jornadas prolongadas, trabajo informal, todos elementos riesgosos para la salud mental”, dice Mérida.

¿Qué es la salud mental y cómo cuidarla en el trabajo?

La salud mental es un estado de bienestar físico, social, intelectual y cognitivo que permiten a los seres humanos ser funcionales en sus grupos sociales.

“Ser funcional, ya sea en la familia, en el trabajo, en su comunidad. La salud mental no es solamente la ausencia de algún problema o ausencia de enfermedad, sino más bien es es como el bienestar que abarca pues todas esas áreas de la vida”, explica Jorge Mérida.

Una persona que tiene una buena salud mental es exitosa en el trabajo, en sus relaciones interpersonales y desarrolla todo su potencial y es productivo.

El bienestar mental se afecta cuando se encuentra en un ambiente de tensión constante y que genera estados de estrés, ansiedad o depresión, añade Bautista

En el espacio laboral es un asunto de corresponsabilidad entre los trabajadores y la organización, la cual también puede obtener beneficios y mejoras en su productivas en tanto cuente con colaboradores mental y emocionalmente saludables.

“Yo puedo cuidar muy bien, me duermo a mis horas, hago ejercicio, no fumo, no bebo, socializo, pero si la emisión de estos elementos riesgosos no cesan en el trabajo pues por más protección que yo pueda hacer, no voy restablecer mi salud”, explica Mérida.

Para las empresas también hay un costo al no generar culturas de prevención y atención a la salud mental de los trabajadores. Por ejemplo, una alta rotación de personal, ausentismo de colaboradores que somatizan el estrés, y una “desesperanza aprendida”, es decir, un comportamiento en que harán lo mínimo.

¿Qué hacer para cuidar mi salud mental?

Los especialistas coinciden en que si los factores que desencadenan problemas de salud mental y física en los trabajos no hay autocuidado que pueda garantizar bienestar. Sin embargo, eso no implica abandonarse y dan algunas recomendaciones para realizar tanto en lo individual como por la empresa.

  • Acudir al médico con regularidad para prevenir malestares físicos y mentales.
  • Alimentarse sanamente y realizar actividad física al menos 30 minutos por tres días a la semana.
  • Disminuir el consumo de sustancias como el alcohol.
  • Socializar tanto en el trabajo como fuera.
  • Afrontar problemas de forma activa en lugar de evadirlos.
  • Desplegar autocompasión y aceptación para reconocer los límites propios.
  • Prácticas la respiración consciente.
  • Buscar actividades para canalizar las emociones como cantar, oír música, pintar, colorear.
  • En las empresas promover la sabiduría, es decir, la capacidad de autorregulación emocional, la espiritualidad y definir objetivos trascendentes, como pensar en el beneficio de realizar una tarea laboral.
  • Atender la soledad en el trabajo, promover la socialización, pues la soledad se asocia a menor salud mental y física.
  • Cumplir con la normatividad asociada a mejorar las condiciones de trabajo, como la Norma 035 o la capacitación para eliminar la violencia laboral.Y a nivel de gobiernos, mejorar y ampliar la atención a la salud mental.

Fuente:  https://www.eleconomista.com.mx/capital-humano/paradoja-bienestar-trabajadores-piden-salud-mental-empleadores-productividad-20260325-805709.html


miércoles, 25 de marzo de 2026

¿Dolor de espalda o muñeca? El malestar del teletrabajo

 Desde la pandemia, el teletrabajo ha permanecido en muchas empresas, pero traer consecuencias en la salud. La falta de mobiliario adecuado ha incrementado dolores musculares. Invertir en ergonomía y tecnología adecuada es clave para trabajar de forma saludable en casa


Ya han pasado cinco años desde que vivimos la pandemia del coronavirus. Esta situación trajo muchas consecuencias, entre ellas la del teletrabajo. Muchas empresas, cuyos trabajadores pudieron seguir realizando su trabajo, han tomado la decisión de continuar con esta dinámica. Y esto también ha traído, a su vez, consecuencias en cuanto a la salud, ya que estas personas tienen han tenido que improvisar y montar su oficina en casa, usando la mesa del comedor o incluso el sofá. Sin contar con mobiliario ni los dispositivos adecuados para tener una postura correcta y saludable, durante tantas horas al día. Actualmente, aunque existe cierta tendencia a la presencialidad entre las empresas, el modelo híbrido sigue presente y no todos los trabajadores cuentan con espacios adaptados a él.

Según datos del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI), en torno al 14% de las personas ocupadas desempeña sus funciones en remoto. Esto conlleva muchas ventajas, pero también algunos inconvenientes. Entre ellos, fallos en la conexión, falta de un equipo integral, una menor identificación del trabajador con la empresa, un mayor aislamiento y por tanto menos socialización, dificultad para organizarse, para promocionar, o para trabajar en equipo. Pero quizá lo más preocupantes es lo que afecta a nuestra salud.

Cada vez más personas presentan dolores lumbares, dolores cervicales, tensión en el cuello y en las muñecas, como el síndrome del túnel carpiano, tendinitis, fatiga visual… Esto es solo un pequeño listado de molestias ocasionadas por posturas forzadas e inadecuadas o la falta de un entorno ergonómico para el teletrabajo. Por eso también es muy importante hacer pequeñas paradas y estirar el cuerpo y no pasarse todo el día “mal sentado”. Elegir la tecnología adecuada y tener en cuenta una serie de aspectos clave puede ayudar a evitar estas dolencias. Los expertos en tecnología nos explican cómo trabajar desde casa de manera saludable, evitando impactos negativos en el cuerpo gracias al uso de dispositivos adecuados.

Claves para un teletrabajo saludable

Invertir en tecnología ergonómica de calidad, y el mobiliario adecuado, que se adecue a la fisonomía de cada uno, ya que esto puede mejorar nuestro día a día, sino que también es clave para proteger la salud a largo plazo.

La ergonomía es la disciplina que se encarga de diseñar los lugares de trabajo, para que encajen con las características fisiológicas, anatómicas, psicológicas y las capacidades de cada persona. El primer paso para tener una oficina en casa ergonómica es tener conciencia de ello y seguir una serie de recomendaciones útiles que nos hace Eugenio Pérez, responsable de marca y PR PcComponentes. Él nos recomienda mantener una buena higiene postural y seguir estas pautas para mejorar el bienestar al teletrabajar desde casa:

  • Ajustar la altura del monitor: la parte superior de la pantalla debe quedar a la altura de los ojos para evitar la inclinación del cuello, que puede causar dolores y fatiga. Un monitor de 27 pulgadas con ajuste de altura, es la mejor opción para mantener una postura correcta y evitar la tensión en el cuello y la espalda. También es recomendable utilizar soportes para monitores y portátiles.
  • Equipamiento ergonómico: contar con sillas ergonómicas con soporte lumbar, teclados y ratones ergonómicos, que favorezcan una postura más natural, así como reposapiés para una correcta alineación del cuerpo, no solo previene dolores musculares, sino que también mejora la productividad y el bienestar general. Trabajar en sillas de comedor puede conllevar dolencias musculoesqueléticas que pueden resultar irreversibles. Asimismo, contar con periféricos mejora la postura de las muñecas y evita lesiones repetitivas.
  • Iluminación adecuada: la luz natural es la mejor opción, pero si no es posible, se recomienda utilizar lámparas de luz regulable para evitar reflejos de las pantallas y proteger la vista. De igual manera, seleccionar monitores con tecnología de protección ocular reduce el impacto negativo que la luz azul tiene sobre nuestra salud.
  • Hacer pausas regulares: es fundamental realizar descansos cada hora y media o dos horas, para estirar el cuerpo y descansar la vista. Programar descansos y estiramientos en nuestra rutina, con avisos en el móvil o wearable, nos ayudará a mejorar la circulación y reducir la tensión muscular.
  • Organización del espacio de trabajo: mantener los objetos esenciales, como el teclado, el ratón o la libreta, a una distancia cómoda para cada usuario ayuda a evitar giros innecesarios y a mantener una postura correcta. Además, un espacio de trabajo limpio y despejado mejora la concentración.

Para teletrabajar de forma eficiente y sin comprometer la salud, ni estar constantemente recurriendo a la consulta del fisioterapeuta u osteópata, es fundamental disponer de un buen equipo, accesorios ergonómicos y una conectividad estable. “Contar con tecnología de calidad no solo mejora la experiencia diaria, sino que también permite mantener un ritmo de trabajo constante, reduciendo interrupciones por fallos técnicos”, explica el experto.

Y añade: “aunque han pasado ya cinco años desde la pandemia y el teletrabajo ha evolucionado, mucha gente sigue sin contar con la tecnología adecuada, como sillas, ratones y teclados ergonómicos, importantes para mantener la postura correcta y evitar dolores. A la larga, tener estos dispositivos hace mucho por nuestro bienestar cuando trabajamos en remoto”.

Fuente:  https://informados.es/cultura/dolor-de-espalda-o-muneca-el-malestar-del-tele

martes, 24 de marzo de 2026

Rafael, psicólogo laboral: “No eres imprescindible en tu empresa, aunque te empeñes en creer que sí”

 El especialista en bienestar laboral advierte de un error que muchos comenten cuando evitan coger la baja por miedo a perjudicar a la empresa.



Son muchos los trabajadores los que continúan yendo a trabajar cuando su salud no es la mejor. Lo hacen por no cargar con más trabajo a sus compañeros, por sentir un compromiso con la empresa o por miedo a las consecuencias que puedan venir después. Sin embargo, el psicólogo laboral Rafael advierte que esta forma de pensar puede terminar pasando factura.

Según explica el experto, es común que las personas que finalmente se dan de baja se den cuenta de algo. “Si no te quieres dar de baja porque te da pena la empresa, no te preocupes, porque la vida se encargará de pararte”, apunta. Y cuando eso ocurre, muchos descubren que quizás sí que podrían haber frenado antes de romperse del todo.

Aunque la realidad es que el verdadero choque llega después. Rafael explica que muchos empleados creen que su ausencia va a afectar de forma negativa, pero en realidad suele ocurrir todo lo contrario. “En el momento en que te dan la baja, otra persona empezará a hacer lo que tú hacías y la actividad de la empresa seguirá como si tú nunca hubieses existido”, afirma. Y lanza una reflexión: “No eres imprescindible en tu empresa, aunque te empeñes en creer que sí”.

El error de pensar que todo mejorará

El psicólogo indica que detrás de esta situación hay un patrón que se repite: idealizar una solución en el futuro. Muchas personas creen que según vaya pasando el tiempo las cosas mejorarán solas y que si trabajan más duro la situación terminará cambiando.

Pero, la realidad suele ser mucho más distinta. El especialista asegura que lo más común es que no cambie nada y que el trabajador acumule cada vez más ansiedad, más estrés y cansancio. “Es algo que veo una y otra vez en personas que acuden a mí tras haber estado de baja, preguntándose por qué no tomaron medidas antes”, explica.

El experto recomienda tres pasos clave para evitar llegar hasta ese punto: pedir ayuda, asumir este proceso como si fuera un duelo y proteger tus derechos laborales. También insiste en que hay que dejar normalizar ciertas conductas quien no lo son y preguntarse cuánto tiempo llevas esperando el cambio que nunca llega. Concluye con una frase muy directa: “Si tú no paras, el cuerpo lo hará por ti”.

Fuente:  https://as.com/tikitakas/salud/rafael-psicologo-laboral-no-eres-imprescindible-en-tu-empresa-aunque-te-empenes-en-creer-que-si-f202603-n/