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miércoles, 1 de abril de 2026

La paradoja del bienestar: Trabajadores piden más salud mental y empleadores más productividad

Un 76% de los colaboradores indica que la salud mental es prioritaria en el trabajo frente al 49% de los reclutadores, según datos de OCC; cerrar esa brecha empieza por reconocer el bienestar mental como un elemento de productividad 

Para los trabajadores, la salud mental es uno de los elementos más importantes en el mundo del trabajo, pero no tiene el mismo grado de relevancia para las empresas

La salud mental en el trabajo plantea una paradoja entre lo que los colaboradores quieren y esperan frente a lo que los empleadores y áreas de Recursos Humanos consideran relevante.

Mientras que dos tercios de los trabajadores opinan que la salud mental tiene una alta prioridad estratégica en el mundo laboral, poco menos de la mitad de los reclutadores de Recursos Humanos la considera en ese nivel de importancia.

La brecha entre las expectativas de unos y otros es amplia: 76% de trabajadores encuestados por OCC considera muy importante la salud mental como una estrategia de RH para este 2026, frente al 48% de los reclutadores que le dan ese mismo nivel de prioridad, de acuerdo con el estudio Tendencias de Recursos Humanos 2026.

No es tan fácil implementar estas prácticas (de bienestar para la salud mental). Considero que por ahí puede estar la brecha (...) no es que no se les esté dando la prioridad, sino que no al mismo nivel como los colaboradores lo necesitan”, de acuerdo con Karen Villanueva, gerente de inteligencia de negocio y mercado de OCC.


Por qué la salud mental es un asunto de Recursos Humanos


Esa diferencia respecto la prioridad de la salud mental para los empleadores y reclutadores tiene distintas aristas: desde que sea considerada un gasto, no saber cómo y qué estrategias llevar a cabo o tener un objetivo enfocado sólo en la productividad y beneficio económico, advierten especialistas.

“(Las empresas) responden a fines distintos. Los centros de trabajo son unidades productoras que están insertadas en un modelo económico que aprecia la acumulación del capital. Eso no tiene nada que ver con la salud mental. Todos los centros de trabajo persiguen un número. Así está organizado nuestro mundo, los centros de trabajo no persiguen la salud”, explica Jorge Mérida, vicepresidente de Salud Mental en el Trabajo del Colegio Nacional de Psicología Clínica para el Trabajo (Conapsit).

Sin embargo, la salud mental y la productividad sí están relacionadas, de ahí que aquellas empresas que le den prioridad tanto con una cultura libre de prácticas de riesgo que afectan al trabajador y atención tendrán trabajadores más enfocados en sus tareas, en mejores condiciones cognitivas y un bienestar general.

“Mientras no se den cuenta de la relación entre productividad y bienestar emocional o mental, entonces se va a dar prioridad por parte del empleador a la productividad, mientras que la persona sí le va a dar mayor importancia a su salud”, advierte Marco Antonio Bautista Santiago, psicólogo e investigador y docente en la Universidad Iberoamericana.

Además, en empresas que sólo priorizan los resultados numéricos y la productividad las prácticas para prevenir y atender transtornos mentales derivados del trabajo puede ser vista como un gasto y parte de la cultura que normaliza el estrés crónico como algo “natural” en el mundo laboral, de acuerdo con Joel Cuéllar López, psicólogo organizacional.

“Hay una cultura laboral, que se puede resumir en la frase de ‘si no te quieres estresar entonces no trabajes, no hay una diferenciación entre un estrés saludable -que nos permite completar tareas- y un estrés crónico para el que nuestro cuerpo no está diseñado”, detalla Cuellar..


Trabajadores dan un alta prioridad a la salud mental en el trabajo


Por su parte, la importancia que otorgan los trabajadores a la salud mental es porque entre un 15% y 20% de la población trabajadora, de acuerdo con Conapsit, tuvo algún transtorno mental en los últimos doce meses.

“La gente sí se da cuenta porque lo vive: jornadas bajo presión excesiva, estrés elevado, cumplir con cuotas productivas”, expone Bautista Santiago.

Además, esta importancia a la salud mental tiene un factor generacional, pues las poblaciones menores de 30 años conciben el empleo como parte de su vida, no como su objetivo primordial, por lo que también buscan flexibilidad, autocuidado, y una cultura laboral que no sólo tenga prácticas y beneficios para atender la salud mental sino que no generen riesgos que mermen la calidad de vida del empleado.

“(Los colaboradores) están viendo, sobre todo trabajadores 30 años o menos, que no sólo la remuneración económica es importante, sino que hay un montón de cosas alrededor del trabajo que sirven como el ambiente del trabajo”, explica Cuellar. Entre ellas menciona pasar menos tiempo en los traslados, convivir más y mejor con familia y amigos, que se respeten los horarios tanto de entrada como de salida.

El 39% del talento de entre 26 a 30 años de edad y el 37% de la población trabajadora de entre 31 a 40 años considera la flexibilidad laboral como una clave para el bienestar, por encima de las generaciones mayores, de acuerdo con datos de OCC.


“No solamente quiero una empresa que me dé, quizás, acceso a servicios de salud mental si los necesito, sino también que una empresa que no genere esos elementos riesgosos: inestabilidad en el empleo, escaso reconocimiento, inadecuada supervisión o retroalimentación, sobrecarga de trabajo jornadas prolongadas, trabajo informal, todos elementos riesgosos para la salud mental”, dice Mérida.

¿Qué es la salud mental y cómo cuidarla en el trabajo?

La salud mental es un estado de bienestar físico, social, intelectual y cognitivo que permiten a los seres humanos ser funcionales en sus grupos sociales.

“Ser funcional, ya sea en la familia, en el trabajo, en su comunidad. La salud mental no es solamente la ausencia de algún problema o ausencia de enfermedad, sino más bien es es como el bienestar que abarca pues todas esas áreas de la vida”, explica Jorge Mérida.

Una persona que tiene una buena salud mental es exitosa en el trabajo, en sus relaciones interpersonales y desarrolla todo su potencial y es productivo.

El bienestar mental se afecta cuando se encuentra en un ambiente de tensión constante y que genera estados de estrés, ansiedad o depresión, añade Bautista

En el espacio laboral es un asunto de corresponsabilidad entre los trabajadores y la organización, la cual también puede obtener beneficios y mejoras en su productivas en tanto cuente con colaboradores mental y emocionalmente saludables.

“Yo puedo cuidar muy bien, me duermo a mis horas, hago ejercicio, no fumo, no bebo, socializo, pero si la emisión de estos elementos riesgosos no cesan en el trabajo pues por más protección que yo pueda hacer, no voy restablecer mi salud”, explica Mérida.

Para las empresas también hay un costo al no generar culturas de prevención y atención a la salud mental de los trabajadores. Por ejemplo, una alta rotación de personal, ausentismo de colaboradores que somatizan el estrés, y una “desesperanza aprendida”, es decir, un comportamiento en que harán lo mínimo.

¿Qué hacer para cuidar mi salud mental?

Los especialistas coinciden en que si los factores que desencadenan problemas de salud mental y física en los trabajos no hay autocuidado que pueda garantizar bienestar. Sin embargo, eso no implica abandonarse y dan algunas recomendaciones para realizar tanto en lo individual como por la empresa.

  • Acudir al médico con regularidad para prevenir malestares físicos y mentales.
  • Alimentarse sanamente y realizar actividad física al menos 30 minutos por tres días a la semana.
  • Disminuir el consumo de sustancias como el alcohol.
  • Socializar tanto en el trabajo como fuera.
  • Afrontar problemas de forma activa en lugar de evadirlos.
  • Desplegar autocompasión y aceptación para reconocer los límites propios.
  • Prácticas la respiración consciente.
  • Buscar actividades para canalizar las emociones como cantar, oír música, pintar, colorear.
  • En las empresas promover la sabiduría, es decir, la capacidad de autorregulación emocional, la espiritualidad y definir objetivos trascendentes, como pensar en el beneficio de realizar una tarea laboral.
  • Atender la soledad en el trabajo, promover la socialización, pues la soledad se asocia a menor salud mental y física.
  • Cumplir con la normatividad asociada a mejorar las condiciones de trabajo, como la Norma 035 o la capacitación para eliminar la violencia laboral.Y a nivel de gobiernos, mejorar y ampliar la atención a la salud mental.

Fuente:  https://www.eleconomista.com.mx/capital-humano/paradoja-bienestar-trabajadores-piden-salud-mental-empleadores-productividad-20260325-805709.html


sábado, 21 de febrero de 2026

El impacto silencioso del cambio climático en la salud mental: ¿qué es la ecoansiedad?

 


La ecoansiedad es "un término que engloba el conjunto de respuestas emocionales de la población ante la anticipación y vivencia de fenómenos asociados al cambio climático", explica a 'Euronews la psicóloga' Teresa Pereira. ¿Cómo se manifiestan (y afrontan) estos sentimientos negativos?


En todo el mundo se multiplican las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos, alimentados por el cambio climático. Desde el aumento de la temperatura media mundial hasta las sequías y los incendios forestales intensos -sin olvidar las tormentas, cada vez más frecuentes, con fuertes lluvias y vientos que pueden causar estragos-, todos estos fenómenos tienen efectos negativos cada vez más evidentes en la vida cotidiana de las personas

En las últimas semanas, Portugal se ha visto muy afectado por un "tren de tormentas" que ha causado grandes daños en todo el país, especialmente en la región Centro. Según datos divulgados por la Comunidad Intermunicipal (CIM) de la Región de Leiria, se estima que solo los diez municipios que la componen han sufrido pérdidas que podrían superar los mil millones de euros.

Pero el impacto sobre la población no sólo se mide por los destrozos causados por sucesos de esta naturaleza y, en consecuencia, por los costes inherentes a todo el proceso de reconstrucción, recuperación y restablecimiento de infraestructuras y bienes materiales de todo tipo. A menudo también influye en la salud mental de las personas.

En declaraciones a 'Euronews', Teresa Pereira, psicóloga doctora en Psicología Aplicada e investigadora en las áreas de psicología y cambio climático, explica que existe "un término que engloba el conjunto de respuestas emocionales de la población ante la anticipación y también, en esencia, la vivencia de los fenómenos asociados al cambio climático"..

Se trata de la ecoansiedad,un concepto que "fue mencionado por primera vez por un filósofo medioambiental llamado Glenn Albrecht en 2007" y que, exactamente diez años después, en 2017, fue definido "oficialmente" por la Asociación Americana de Psicología "como un miedo crónico a la degradación medioambiental".

Según ha explicado la psicóloga Teresa Pereira, se trata de un término que "puede caracterizarse por la variabilidad emocional", que acaba manifestándose, por ejemplo, a través de síntomas de "ansiedad, preocupación, miedo, ira o culpa". Pero también a través de otros síntomas más "fisiológicos" o "cambios en las rutinas de la vida cotidiana de los individuos", como cambios "en los patrones de sueño, pérdida de apetito, búsqueda constante de información sobre el cambio climático" o una "disminución del rendimiento académico" en el caso de los más jóvenes.

Pero, ¿qué puede desencadenar la ecoansiedad?

Los "efectos de la degradación ambiental sobre la salud mental", explica Teresa Pereira, deben considerarse "a tres niveles". Uno de ellos tiene que ver con las consecuencias "directas" de los fenómenos climáticos, es decir, "cuando las personas viven directamente" estas situaciones "y, en este caso, pueden aparecer síntomas como la ansiedad, la depresión y, eventualmente, el trastorno de estrés postraumático".

Pero el impacto también lo pueden sentir las personas que se ven afectadas por las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos sólo a un "nivel más indirecto", ya que "no experimentan ni presencian directamente" estos acontecimientos.

Sin embargo, el impacto de estos fenómenos meteorológicos en las "infraestructuras que utilizan" -como los servicios públicos-, así como en sus "medios de subsistencia" -un ejemplo son los agricultores que han visto sus cosechas devastadas como consecuencia de las recientes tormentas en Portugal-, puede tener efectos negativos en la salud mental.

Por último, también hay que tener en cuenta que, según la doctora en Psicología Aplicada, "a través de los medios de comunicación o de la información que reciben de otras personas", los ciudadanos acaban conociendo más sobre estos fenómenos y sus impactos. "Normalmente, la ansiedad ecológica se sitúa más en este tercer nivel".

Es decir, "el hecho de tener esta información de que el cambio climático es un fenómeno cada vez más presente en nuestra vida cotidiana acaba generando la experiencia de la ecoansiedad en las personas, aunque no hayan sido testigos directos de un suceso extremo".

En un momento en el que cada vez aparecen más "informaciones e imágenes" en los medios de comunicación portugueses sobre las consecuencias del cambio climático en la vida de las personas, es por tanto "natural que esta preocupación se haga más presente y que el fenómeno se haga más real".

Esto se debe a que, hoy en día, no sólo se trata de situaciones que "ocurren en otros países, en otros lugares geográficos, o con personas distintas de nosotros mismos, de nuestras familias" o, en otras palabras, de la comunidad portuguesa, lo que les confiere un carácter de mayor "proximidad".

La ansiedad ecológica es una respuesta "normal"

A pesar de la variedad de síntomas y de las diferentes formas en que puede manifestarse la ecoansiedad, "es muy importante que la población en general sea consciente" de que se trata de "un fenómeno esperado que revela una respuesta adaptativa", especialmente en el caso de quienes han vivido en primera persona las consecuencias de fenómenos meteorológicos extremos, como es el caso de los ciudadanos directamente afectados por las últimas tormentas. Es decir, "es normal que las personas, ante un fenómeno de tal magnitud que afecta a sus vidas, muestren estas respuestas emocionales", explica la psicóloga Teresa Pereira.

En este sentido, es importante señalar que la ecoansiedad "no es una patología". Aún así, en los casos en los que este tipo de comportamiento interfiere "de forma más significativa en la vida diaria" de las personas -o incluso provoca una cierta "parálisis"- "puede ser necesario buscar la ayuda de profesionales de la salud mental" para que puedan recibir apoyo especializado.

Pero en muchos casos, la "validación y el apoyo de la comunidad, la familia, los profesores y los compañeros", combinados con otras estrategias, pueden ser aún más esenciales. Por ello, también pidió que se promuevan medidas que ayuden a la "población general a ser más empática" cuando se trata de este tema, para favorecer una mayor "validación" de estas emociones. Y la clave, en este sentido, pasa también por "promover la alfabetización sobre este fenómeno" que "desgraciadamente es cada vez más frecuente en nuestro país", dice la experta.

Esta promoción implica también a los centros educativos. "Hoy en día, en los currículos escolares, generalmente tenemos un enfoque un poco más centrado en las dimensiones cognitivas de saber qué es el cambio climático. Pero también es importante aportar una dimensión afectiva, entender cómo nos sentimos afectados y cómo podemos implicarnos más activamente" para responder a ellos, argumentó el psicólogo.

Por eso, sobre todo con los jóvenes, es importante no adoptar "una actitud alarmista", aunque ésta sea una premisa aplicable a la población en general. Es más aconsejable adoptar "un enfoque lo más positivo y realista posible" y mostrar "disposición a debatir el tema" de forma "razonada y centrada en las soluciones" que ya se están desarrollando para intentar paliar las consecuencias de los fenómenos meteorológicos extremos.

¿Qué puede ayudar a combatir la ansiedad ecológica?

Según Teresa Pereira en declaraciones a 'Euronews', basándose en las investigaciones científicas existentes sobre el tema, la ecoansiedad también puede motivar a los individuos a adoptar "comportamientos de protección del medio ambiente, es decir, comportamientos pro-ambientales". Y una de las**"tres estrategias comunes más eficaces para hacer frente a la ecoansiedad"**, basada en algunos estudios aún preliminares que se han desarrollado en los últimos años, está precisamente relacionada con este tipo de iniciativas.

Según la psicóloga, "algunos investigadores afirman que la acción, la implicación en acciones para proteger el medio ambiente, es el mayor antídoto contra la ecoansiedad", ya que crea "una sensación de utilidad", pero también de "control y esperanza".

Otra posible forma de intentar hacer frente a esta respuesta emocional puede ser "la implicación en grupos, en asociaciones con un enfoque más medioambiental, [contactando] con otras personas que manifiesten ecoansiedad", con el fin de adquirir "un mayor apoyo social".

Por último, cabe destacar que ya existen "muchos estudios que asocian el contacto con la naturaleza, con los espacios verdes y azules, con mayores niveles de bienestar", por lo que también podría ser una estrategia válida para combatir "algunos síntomas de ansiedad y depresión que pueden estar asociados a esta, en esencia, anticipación de los efectos del cambio climático".

Cartografía de la ecoansiedad

En los últimos años, la investigación académica se ha centrado cada vez más en cómo afecta la ecoansiedad a las poblaciones. La bibliografía, subraya la doctora en Psicología Aplicada, se basa en variables y metodologías diferentes, lo que a menudo dificulta las comparaciones fiables. Sin embargo, sí ofrecen algunos indicadores que permiten evaluar cómo se está imponiendo esta realidad en distintas partes del mundo.

Un estudio europeo, publicado en el 'European Journal of Public Health' en 2023, basado en datos extraídos de la 10ª ronda de la Encuesta Social Europea (recogida entre 2020 y 2022), evaluó el nivel de preocupación de "52.219 participantes mayores de 15 años de 25 países" por el cambio climático. La investigación concluyó que existen "diferencias significativas en los niveles de ecoansiedad entre los países europeos", con Alemania (55,3%) y España (55,2%) con los niveles más altos, y Eslovaquia (22,6%) y Estonia (24,7%) en la parte inferior de la tabla.

Otro análisis de 2021, publicado en 'The Lancet Planetary Health', encuestó a 10.000 niños y jóvenes de entre 16 y 25 años de diez países -Australia, Brasil, Estados Unidos de América, Filipinas, Finlandia, Francia, India, Nigeria, Portugal y Reino Unido- para recoger "datos sobre las opiniones y sentimientos de los participantes acerca del cambio climático".

El estudio concluyó que los "países que expresaron mayor preocupación e impacto en su funcionamiento tendían a ser más pobres, estar situados en el Sur Global [economías emergentes] y verse más directamente afectados por el cambio climático". Sin embargo, en el Norte Global, que engloba a los llamados países más desarrollados, "Portugal (que ha experimentado un aumento dramático de los incendios forestales desde 2017) mostró el mayor nivel de preocupación".

egún la psicóloga, "algunos investigadores afirman que la acción, la implicación en acciones para proteger el medio ambiente, es el mayor antídoto contra la ecoansiedad", ya que crea "una sensación de utilidad", pero también de "control y esperanza".

Otra posible forma de intentar hacer frente a esta respuesta emocional puede ser "la implicación en grupos, en asociaciones con un enfoque más medioambiental, [contactando] con otras personas que manifiesten ecoansiedad", con el fin de adquirir "un mayor apoyo social".

Por último, cabe destacar que ya existen "muchos estudios que asocian el contacto con la naturaleza, con los espacios verdes y azules, con mayores niveles de bienestar", por lo que también podría ser una estrategia válida para combatir "algunos síntomas de ansiedad y depresión que pueden estar asociados a esta, en esencia, anticipación de los efectos del cambio climático".

Cartografía de la ecoansiedad

En los últimos años, la investigación académica se ha centrado cada vez más en cómo afecta la ecoansiedad a las poblaciones. La bibliografía, subraya la doctora en Psicología Aplicada, se basa en variables y metodologías diferentes, lo que a menudo dificulta las comparaciones fiables. Sin embargo, sí ofrecen algunos indicadores que permiten evaluar cómo se está imponiendo esta realidad en distintas partes del mundo.

Un estudio europeo, publicado en el 'European Journal of Public Health' en 2023, basado en datos extraídos de la 10ª ronda de la Encuesta Social Europea (recogida entre 2020 y 2022), evaluó el nivel de preocupación de "52.219 participantes mayores de 15 años de 25 países" por el cambio climático. La investigación concluyó que existen "diferencias significativas en los niveles de ecoansiedad entre los países europeos", con Alemania (55,3%) y España (55,2%) con los niveles más altos, y Eslovaquia (22,6%) y Estonia (24,7%) en la parte inferior de la tabla.

Otro análisis de 2021, publicado en 'The Lancet Planetary Health', encuestó a 10.000 niños y jóvenes de entre 16 y 25 años de diez países -Australia, Brasil, Estados Unidos de América, Filipinas, Finlandia, Francia, India, Nigeria, Portugal y Reino Unido- para recoger "datos sobre las opiniones y sentimientos de los participantes acerca del cambio climático".

El estudio concluyó que los "países que expresaron mayor preocupación e impacto en su funcionamiento tendían a ser más pobres, estar situados en el Sur Global [economías emergentes] y verse más directamente afectados por el cambio climático". Sin embargo, en el Norte Global, que engloba a los llamados países más desarrollados, "Portugal (que ha experimentado un aumento dramático de los incendios forestales desde 2017) mostró el mayor nivel de preocupación".

Aun así, una investigación más reciente, publicada en la revista 'Social Responsibility Journal', dedujo, basándose en una muestra total de 3.300 individuos de 18 años o más, que "la prevalencia de la ansiedad relacionada con el cambio climático es baja entre los adultos en Portugal".

En otras palabras, la psicóloga Teresa Pereira resumió que "lo que la investigación ha demostrado es que las personas con mayor conciencia ecológica, es decir, las personas más preocupadas por el medio ambiente y más sensibles a estas cuestiones climáticas, son las que muestran una mayor prevalencia de ecoansiedad". Por ello, los jóvenes destacan en este nivel, ya que están "atravesando un periodo de desarrollo que les expondrá con el tiempo a los efectos del cambio climático", por lo que "es natural que su preocupación e implicación sean también más significativas".


Fuente:  https://es.euronews.com/salud/2026/02/19/el-impacto-silencioso-del-cambio-climatico-en-la-salud-mental-que-es-la-ecoansiedad

viernes, 30 de enero de 2026

Suicidio y trabajo: una zona ciega de la seguridad social laboral

 Hoy, el deterioro de la salud mental y el aumento del suicidio plantean un desafío distinto, pero igualmente urgente


La tasa de suicidio en Chile alcanza hoy 10,3 por cada 100 mil habitantes, según cifras del Ministerio de Salud. En términos absolutos, esto se traduce en cerca de 2 mil personas que se quitan la vida cada año. No se trata solo de una estadística sanitaria: es un fenómeno social de enorme magnitud que interpela directamente al Estado y a sus sistemas de protección.

Sin embargo, cuando esta realidad se observa desde la seguridad social laboral, el silencio es evidente. No existen datos oficiales públicos que permitan identificar cuántos de estos suicidios tienen vinculación con el trabajo, ni tampoco mecanismos institucionales destinados a investigar esa posible relación.

Aun así, antecedentes del Servicio Médico Legal indican que en 2022 se registraron 38 muertes ocurridas en lugares de trabajo, una cifra que no puede ser leída como una anomalía estadística, sino como una señal de alerta que hoy el sistema no está preparado para interpretar.

Desde el punto de vista de la seguridad social, el Seguro Social contra Riesgos de Accidentes del Trabajo y Enfermedades Profesionales (Ley 16.744) no contempla el suicidio dentro de su cobertura. Más aún, el sistema no solo excluye su cobertura, sino que tampoco desarrolla estudios que permitan analizar si el trabajo pudo haber sido un factor determinante en estos desenlaces. Así, el suicidio queda completamente fuera del radar de la protección social laboral.

Si se quisiera incorporar esta realidad dentro del marco vigente, el suicidio debería ser reconocido como una contingencia derivada de un accidente del trabajo o de una enfermedad profesional. ¿Es esto posible?

¿Accidente del trabajo?

La respuesta inicial parece negativa. El artículo 5 de la Ley 16.744 excluye expresamente de la categoría de accidente del trabajo aquellos hechos producidos intencionalmente por la víctima. Bajo esta definición, el suicidio quedaría automáticamente fuera del sistema.

No obstante, esta frontera no es tan nítida como parece. En algunos países, procesos judiciales extensos han intentado demostrar que la persona que se suicida se encuentra en un estado mental tal que no puede ejercer una voluntad plenamente consciente, cuestionando así la noción de intencionalidad. Este camino existe, pero es complejo, caso a caso, altamente judicializado y costoso, tanto en términos humanos como institucionales.

La alternativa legislativa –modificar el artículo 5– tampoco es sencilla. Implica el desarrollo de un proyecto de ley, disponibilidad política y una discusión que fácilmente puede desviarse hacia terrenos valóricos o éticos, alejándose del foco central: la protección efectiva de la seguridad social frente a una realidad del trabajo contemporáneo.

¿Enfermedad profesional?

Existe, sin embargo, una segunda vía normativamente plausible. El artículo 7 de la Ley 16.744 define la enfermedad profesional como aquella “causada de manera directa por el ejercicio de la profesión o el trabajo que realice una persona”. Desde esta perspectiva, el suicidio podría entenderse como el desenlace de una enfermedad mental de origen laboral, siempre que se logre acreditar un nexo causal suficiente con la exposición a riesgos psicosociales en el trabajo.

En la práctica, pueden darse distintos escenarios: personas que ya habían reportado una enfermedad mental reconocida como laboral; otras cuya situación fue rechazada como generada por el trabajo; y muchas que nunca denunciaron ni visibilizaron su situación antes del desenlace. En cualquiera de estos casos, si se demuestra que el suicidio se explica por una exposición relevante a riesgos psicosociales laborales, entonces –bajo la ley vigente– el caso sí podría ser reconocido como de origen laboral.

¿Cómo avanzar?

Reconocer esta posibilidad no implica abrir la puerta a calificaciones de origen laboral automáticas ni arbitrarias. Por el contrario, exige estándares altos, estudios rigurosos y peritajes especializados. El análisis del nexo causal debería estar a cargo de especialistas acreditados en investigaciones forenses complejas de este tipo, considerando al menos antecedentes de salud, psicosociales y laborales de la persona fallecida, así como testimonios del entorno de trabajo.

Estos estudios debieran realizarse bajo modelos validados internacionalmente, normados y supervisados por la Superintendencia de Seguridad Social, entidad responsable de regular y fiscalizar el Seguro Social de Accidentes del Trabajo y Enfermedades Profesionales.

Si el análisis concluye que existe un nexo causal suficiente, el suicidio debería ser reconocido como de origen laboral, con todos los efectos que ello implica en términos de cobertura, prestaciones, responsabilidad institucional y acciones preventivas.

Una omisión que ya no es sostenible

La evidencia muestra que los suicidios han ido en aumento y que el trabajo ocupa un lugar central en la vida de las personas. En Chile, uno de cada cinco lugares de trabajo presenta un riesgo psicosocial no óptimo, según datos CEAL-SM 2024. Ignorar esta realidad es mantener una zona ciega en la seguridad social.

Además, reconocer el origen laboral de un suicidio, cuando así quede demostrado, no solo permite otorgar protección a las familias, sino que activa mecanismos de gestión preventiva en las organizaciones. Esto visualizaría la situación y obligaría a intervenir las condiciones de trabajo, contribuyendo a proteger la salud mental y la vida de todas las personas trabajadoras.

Durante la pandemia, la seguridad social fue capaz de adaptarse y reconocer el COVID-19 como enfermedad laboral cuando se acreditaba su origen ocupacional. Fue una señal clara de que el sistema podía hacerse cargo de realidad del trabajo.

Hoy, el deterioro de la salud mental y el aumento del suicidio plantean un desafío distinto, pero igualmente urgente. Si el trabajo puede enfermar y matar, la seguridad social laboral no puede seguir actuando como si no lo supiera. La pregunta ya no es si corresponde discutir esta cobertura –que debe y puede darse–, sino si estamos dispuestos, como sociedad, a asumir el costo humano, social e institucional de no hacerlo

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Fuente: https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2026/01/26/suicidio-y-trabajo-una-zona-ciega-de-la-seguridad-social-laboral/

sábado, 3 de febrero de 2024

Síntomas del estrés laboral y consejos del especialista para que no acabemos agotados

 El estrés laboral puede provocar dolores de cabeza, malestar digestivo, problemas de sueño, debilidad del sistema inmunitario, tensión muscular o problemas dentales



El primer trimestre del año se suele hacer muy largo. Muchos días sin ningún festivo, que pueden aumentar los niveles de estrés laboral. Además, en estas fechas la presión por cumplir con plazos ajustados, las demandas crecientes y tener unas expectativas elevadas generan tensiones lo que produce un impacto negativo a nivel físico como mental.3

Y como explica Jorge Buenavida, psicólogo de BluaU de Sanitas

  • Ignorar el estrés puede llevar a una disminución de la satisfacción laboral y, en última instancia, a un agotamiento profesional.
  • Además, afecta a las relaciones personales y la calidad de vida en general.

Por ello, es importante reconocer y abordar este problema de manera proactiva, ya sea a través de estrategias personales, como la gestión del tiempo y la búsqueda de apoyo, o mediante la comunicación abierta en el entorno laboral para buscar soluciones”. 

El estrés puede provocar o acrecentar los dolores de cabeza.

El estrés puede provocar o acrecentar los dolores de cabeza. YANALYA. FREEPIK.

¿Cómo afecta el estrés a la salud?

El impacto del estrés sobre la salud es importante y muy variado. Las personas que lo sufren pueden ver como aumentan o aparecen:

Todo ello hace que aumente la vulnerabilidad a las infecciones, tensión muscular o problemas dentales

Respecto a este último punto es muy habitual que “las situaciones de tensión prolongada pueden originar malos hábitos como el bruxismo, una acción que consiste en apretar o rechinar los dientes involuntariamente".

Esta costumbre, a su vez, como señala Lorena Trinidad, odontóloga de Sanitas Dental.

  • "Desencadena otra serie de problemas dentales como desgaste del esmalte, sensibilidad dental, enfermedades en las encías como gingivitis o periodontitis y, en casos extremos, hasta daño en las articulaciones temporomandibulares”. 
El estrés laboral está detrás de muchos casos de bruxismo.

El estrés laboral está detrás de muchos casos de bruxismo. KARLYUKAV. FREEPIK.

Consejos para manejar el estrés laboral

Precisamente para evitar que el estrés laboral derive en todo este tipo de molestias, el psicólogo Jorge Buenavida y el médico Efraín López, de BluaU de Sanitas facilitan una serie de consejos para tratar de gestionar mejor la tensión derivada del trabajo: 

  • Comunicación abierta y resolución de conflictos.

Una de las claves para manejar el estrés en el trabajo es tener un trato transparente y la capacidad para abordar enfrentamientos de manera constructiva con los compañeros. 

Actuar de esta forma ayuda a rebajar “las tensiones y se fomentan relaciones positivas”, señalan los especialistas. 

  • Tomarse descansos breves y organizar mejor el tiempo.

Las pausas a lo largo de la jornada, aunque sean cortas, ayudan a prevenir la fatiga y el agotamiento

Si se logra establecer un equilibrio adecuado entre el trabajo y el descanso, aumenta la productividad y aminora la presión constante.

  • Establecer límites y prioridades.

Asumir que no se puede llegar a todo y que, probablemente tampoco sea necesario hacerlo, permite evitar la sobrecarga de tareas. Además, identificar las prioridades hace que se afronten de forma más eficaz. Con todo ello se “merma la sensación de agobio y se promueve un equilibrio entre el empleo y la vida personal”, señalan.

Dedicar tiempo a hobbies es esencial para mantener el equilibrio vital.

Dedicar tiempo a hobbies es esencial para mantener el equilibrio vital. FREEPIK

  • Prácticas de mindfulness y respiración profunda.

Si ya hay estrés, estas dos prácticas son una buena manera de reducirlo y centrar la mente en el momento presente. Además, estas prácticas ayudan a mantener la calma y a perfeccionar la toma de decisiones en situaciones complejas. 

  • Establecer rutinas saludables.

Como lo físico y lo mental están íntimamente relacionados es esencial incorporar hábitos saludables en la vida diaria, como una dieta equilibrada, ejercicio regular y un buen patrón de sueño. 

Todo ello va a ayudar a mejorar el bienestar general aportando más fuerza mental y física, así como claridad para afrontar los desafíos del día a día. 

Entre todos estos buenos hábitos, los expertos destacan especialmente el ejercicio físico porque “ayuda a liberar endorfinas, menguando el nerviosismo y mejorando el estado de ánimo”. 

Fuente: https://www.levante-emv.com/salud/guia/2024/01/02/sintomas-estres-laboral-consejos-especialista-97611482.html